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La oración en María del Refugio

Introducción

El camino de la oración lleva a las almas a una íntima unión con Dios y en ese caminar se va experimentando un progreso, es decir, el alma crece y madura en la oración como su vida y ser mismos.

 

Queremos transmitir un mensaje acerca de alguien que precisamente fue un alma de temple, un alma que dirigió sus pasos hacia los más altos ideales y supo hacer de la oración un perfecto camino de unión con Dios, ella es María del Refugio Aguilar y Torres, para ello las invitamos a hacer un recorrido a través de su vida de oración. Su experiencia de Dios sea para nosotros un impulso para vivir la propia vida del espíritu con gozo, fe y amor.




La oración en su infancia y juventud

 

Desde pequeña dejó ver su gran amor a Dios y el gusto que sentía en visitarlo y hacerle compañía.  ¡Cuántas cosas le diría al estar postrada ante el Tabernáculo Santo!  Secretos que sólo Dios conocía, pero que desde esa tierna edad fueron inflamando su corazón y dándole gusto por la oración y mayor amor a Jesús Sacramentado, que cada vez fue atrayendo su corazón hasta hacerla suya del todo (Pikaza, 1994).

 

Las oraciones cotidianas por la mañana y por la noche no faltaban en su hogar, en las cuales participaba con gran devoción, especialmente en el rezo del Santo Rosario, ya que también se sentía muy unida a María Santísima.  Este amor a Dios que su tierno corazón sentía, no podía quedarse sólo en palabras, sentimientos o pensamientos, sino que lo manifestaba al participar con gran entrega en diversas celebraciones de la parroquia, especialmente las eucarísticas y marianas.

 

En su primer encuentro con Jesús Eucaristía ella pudo experimentar la presencia real y viva de Jesús dentro de su mismo ser, fue para ella un momento muy significativo, ahora ya no sólo podrá contemplar a Jesús frente a ella, sino que ahora ella lo lleva dentro de sí, como un Sagrario  para Jesús (Pikaza, 1994).

Durante su juventud continuó alimentando su piedad eucarística-mariana, seguía haciendo su hora de adoración ante el Santísimo y su oración la hacía vida a través de sus obras de caridad, especialmente con los pobres. Tal es el acto delicado de compartir hasta su vestido con la joven pobre (Pikaza, 1994).

 

La oración en su matrimonio y viudez

Cuando su padre le comunica que debía contraer matrimonio fue para ella un acontecimiento difícil, ya que no sentía ningún atractivo hacia éste; en estos momentos ella ora para pedir luces al Señor. 

Su oración es siempre profunda y llena de fe, durante su matrimonio y especialmente en su viudez; adora los designios de Dios y ora por el alma de su esposo, por sus hijos y por ella misma abandonándose en las manos de Dios, quien por medio de ésta la fortalece y da luz a su vida.

Esta etapa de su vida se ve ensombrecida por el dolor; después del esposo su hijo; después sus padres… Sin embargo se mantiene fuerte, se abraza a la Cruz y comienza un camino de conversión radical. Lo podemos analizar en sus Ejercicios Espirituales de 1896. (Foulkes, 1997)

Podemos descubrir a través de sus propósitos el gran valor que da a la intimidad con Dios. 16 puntos van relacionados con la oración y los demás con el trato con su prójimo. (pág. 52) (Foulkes, 1997)

Con su oración, ejemplo y palabras muchos se acercaban a Dios, especialmente siendo Ministra en la Tercera Orden de San Francisco. Su crecimiento espiritual proyectaba una gran entereza moral y una confianza en Dios sin límites y cada vez se sentía más unida con el Señor.

El apostolado durante su viudez también tuvo como fundamento la oración.  En cuaresma acostumbraba a rezar el Santo Viacrucis al aire libre, siguiendo las catorce estaciones marcadas, lo hacía descalza y en profundísima oración (pag. 59) (Foulkes, 1997).  También preparaba su alma por medio de ejercicios espirituales a los que asistía año con año.

 

La oración en su vida como religiosa

En el recogimiento, silencio y oración fervorosa ante Jesús, la Sierva de Dios descubre la voluntad divina.  ¡Se dará por completo al Señor!  Fundará una nueva Congregación en la que Jesús Sacramentado sea el centro y el Todo de su vida.  ¡Cuántas oraciones!  ¡Cuánta incertidumbre!  ¡Cuántos temores!  Pero la Sierva de Dios atrajo gracias del cielo y la obra surgió.

La Piedad de la Madre Refugio respondía a los esquemas religiosos y a las mentalidades de su tiempo: se formó a finales del Siglo XIX, inició un nuevo camino de vida espiritual a principios de este siglo.  Ella ha sabido llegar a lo esencial de la oración, del mismo Evangelio, asumiendo los valores de personas y grupos que más han influido en su experiencia.  Ha roto de algún modo los moldes de su tiempo y ha sabido ir modelando un tipo de figura y camino espiritual que sigue siendo importante en nuestros días.

Ella dio a Dios el culto que le es debido de adoración durante toda su vida y sus días como religiosa se deslizaban en un ambiente de caridad y de alegría espiritual, la cual quería transmitir a todas sus hijas.

Por lo general hacía su oración en su oratorio privado; escuchaba la Santa Misa desde la tribuna que estaba en el coro donde asistía la comunidad para todos los actos de piedad. Con devoción y recogimiento participaba en el Santo Sacrificio del Altar y recibía la Sagrada Comunión, no le gustaba que se le interrumpiera en su oración, después de la Comunión.

Diariamente se le veía rezando el Santo Rosario al pasear por los corredores o revisando el aseo de la casa, con una mano en la bolsa de su hábito, pasando las cuentas del rosario o meditando alguna jaculatoria (POSITIO, 1997, pág. 607)

En su oración tenía una fe viva para ver a Dios, para sus horas de guardia tenía un amor grande, por ningún motivo faltaba a su cita con Jesús Sacramentado; su caridad y sus oraciones a todos abarcaba y no tenía límites; tenía una fuerza de atracción para llevar las almas a Dios, no sólo oraba por ella misma y su comunidad, sino también por todas las personas, haciendo mención especial por la conversión de los pecadores.

El reverendo Padre Fray Alfredo Scotti, aseguró el haberla visto tantas veces de rodillas ante Jesús Sacramentado, orando inmóvil con fervor para arrancarle bendiciones para su obra.  El Señor no se hizo sordo a sus ruegos, le concedió ver a su Congregación ya de derecho Diocesano y extendida a varias naciones.

En tiempos de persecución se pasaba noches enteras de rodillas al pie del Sagrario, implorando a Jesús Sacramentado demostrara en alguna forma su voluntad.  Oraba llena de confianza y se abandonaba en brazos de la Divina Providencia dejando a todas sus hijas, a la Patria y a los mexicanos en las manos de Jesús Eucaristía. Su ferviente oración le da fuerzas durante los aciagos años de la persecución religiosa.  Reúne a todas sus hijas y ora, da gracias a Dios que así lo ha dispuesto y dice: “demos gracias a Dios, Él no nos ha de faltar… El nos abrirá camino”, y con gran serenidad y confianza en Dios, ora allí a los pies de Jesús Sacramentado y en ésta cobra fuerza y valor para continuar por la vía que Él quería.

Su gran deseo de que todas sus hijas amaran a Jesús Sacramentado se manifestaba en la celebración de las fiestas litúrgicas en su honor, estas fiestas eran para ella un momento para que todas se unieran en solemnes actos de adoración a Dios; para ello se preparaba con oraciones, novenas especiales, lecturas y meditaciones sobre los misterios que se celebraban, como por ejemplo: Navidad, la Encarnación del Divino Verbo, Triduo Pascual, Corpus Christi y Asunción de María.

Sus grandes devociones:

En su ideal cristiano podemos apreciar una gran amplitud espiritual.  Ha sabido centrarse en lo esencial, recorriendo desde el centro de la Eucaristía las líneas maestras del mensaje cristiano.

Devoción a la Santísima Trinidad: 

Nuestra venerable Madre Fundadora era muy fervorosa en su vida espiritual, amaba mucho a las tres personas de la Santísima Trinidad y lo transmitió a sus hijas recordando este misterio con el rezo del Trisagio en diversos momentos y días dedicados a la Divina Providencia.  Nuestra Madre unió el aspecto Trinitario a los más pobres, por ejemplo: brindar becas a las familias pobres para que pudieran estudiar sus hijas en los Colegios.

 

Devoción a Jesús Niño

Esta devoción especial le hacía vibrar de amor. Acostumbraba a honrar a Jesús en la novena de Navidad, adornaba la casa poniendo varios nacimientos, para que las hermanas tuvieran presente este misterio de amor.

Invitaba a sus hermanas a prepararse con jaculatorias, con actos de amor y sacrificios. Exhortaba a preparar un ajuar al Niño Jesús ofreciendo un acto de virtud por cada prenda de vestir. Además, motivaba a reflexionar sobre el misterio, hacer comentarios alusivos, rezando el rosario y cantando villancicos. (POSITIO, 1997, pág. 536)

Después de celebrar la Navidad se renovaban los votos, una expresión de amor al Esposo Eucarístico.

 

Devoción a Cristo en su pasión: 

El misterio de la Redención y la Pasión de Cristo eran también motivo de profunda consideración y amor para el alma de la Madre Refugio. El tiempo de Cuaresma y Semana Santa, ella y sus hijas lo vivían de un modo especial, con rezos y lecturas, consideraciones y meditaciones sobre este misterio santo y con mortificaciones corporales y disciplinas, insistiendo siempre que la mejor mortificación es obrar con caridad.

Especialmente en la figura de Cristo despreciado, encuentra la Madre Refugio su experiencia más profunda: se ha sentido llamada a amar, ha descubierto en Jesús al gran amigo que se ofrece en su debilidad. (POSITIO, 1997)

 

Devoción a Jesús Eucaristía: 

Es ya sabido que toda su vida de oración y apostolado, la centró en Cristo Eucaristía.  Cristo es Eucaristía como presencia de vida y amor entre los hombres. Así también ella se convierte en esa Eucaristía que coopera con Cristo Redentor en la liberación de la niñez y juventud.

Existen numerosos testimonios de este profundo amor a Jesús Eucaristía; ya se ha hablado sobre esto a lo largo del presente documento, pero vale la pena mencionar el gran amor de predilección de Jesús para su Amada esposa: su aparición milagrosa.

Ante esta expresión de amor María del Refugio responde con fe. Mientras las hermanas corrían a comprobar este milagro, ella espera sentada, con la certeza de que Jesús está en la Eucaristía.

En los momentos de prueba y de enfermedad le queda el consuelo de que “entre papeles tiene a Jesús Eucaristía”, pues en tiempos de persecución ocultaba al Santísimo en su escritorio. (POSITIO, 1997)

 

Devoción mariana: 

Su profundísimo amor a María Santísima, siempre lo manifestó en sus oraciones, especialmente a MARÍA DE GUADALUPE, su Virgen más querida.  Ella la amaba y la invocaba con fe en todos los trances de su vida. La Madre Refugio ha sabido y destacado que María es transparencia del Espíritu Santo, en su forma de unir su devoción al Espíritu y María. Esa transparencia de SANTA MARÍA DEL ESPÍRITU SANTO, la vive en toda su vida.

 

En su advocación de MARÍA DE LA MERCED, la Madre Refugio encuentra el ejemplo del amor misericordioso, ella sabe unir esta devoción a MARÍA DE GUADALUPE; para ella son dos advocaciones que se implican y complementan mutuamente, que la Virgen de Guadalupe, protectora de los más pobres (indígenas) es la misma Virgen de la Merced, liberadora de cautivos; por eso no hubo dificultad para inculcar y mantener la devoción de  Guadalupe, sabiendo que la patrona fundamental de la Congregación es la Virgen de la Merced, de quien lleva especialmente a la niñez y juventud el mensaje de libertad que viene siendo el resultado de una ferviente oración redentora. Ella anhelaba que sus religiosas tuvieran una especial devoción a María Santísima, rezando el Santo Rosario y ofreciéndole la memoria para recodarla, el entendimiento para conocerla y la voluntad para amarla. 

 

La oración en su enfermedad y agonía.

Ella misma confiesa que su cuerpo se siente cansado y enfermo, pero no se queja, no se lamenta. Pero ese momento de su vida en que intensifica más su oración y en el que más fuertemente se adhiere a la voluntad santísima de Dios.

Es la hora de su Oración vespertina…La hora del alzar de sus brazos ya cansados por los rudos trabajos del día, la hora de ofrecer con ellos su oblación al Dador de todo bien… ora constantemente…

Invocaba a Dios con breves, pero fervorosas jaculatorias; a la Virgen María a quien amaba con ternura especial… ¡María, mi buena Madre, no me desampares!

Las noches eran por lo general muy pesadas para la Venerable Madre, el enemigo de las almas la molestaba continuamente.  Ella con su rosario en mano y su confianza en Dios, se lo alejaba.

 

En sus últimos días pidió mucho por sus Hijas y por su Obra.  También invocaba a San José, patrono de la buena muerte. (Foulkes, 1997, pág. 298)

María del Refugio dejó para nosotras un camino bien trazado y con grandes fundamentos, todos ellos fruto de su gran experiencia personal de Dios.   Nada nos encomendó hacer que ella no hubiera hecho primero.  Cada acto de piedad bien realizado es un peldaño hacia la perfección.

En todos los documentos, herencia para la Congregación, nos dejan ver su gran anhelo para que alcancemos la Santidad.

Sea ella nuestra amada madre, quien se digne interceder por cada una de nosotras sus hijas, y nosotras confiadas en que, siendo fieles, sobre todo en nuestra Guardia, ella nos ganará el cielo.

Terminamos esta reflexión con sus palabras: “Nuestro Señor Sacramentado sea siempre nuestro camino y nuestra vida, y la Virgen Santísima nuestra Madre, nos alcance esta singular merced y bendiga nuestro amadísimo Apostolado”.

 

 

REFERENCIAS

Pikaza, Xabier. María del Refugio Aguilar, vida y mensaje. México. 1994.

Foulkes, George. María del Refugio, madre, esposa y religiosa. México. 1997.

Positio Super Virtutibus. Mariae a Refugio Aguilar y Torres viduae Cancino. 1997

 

EVANGELIZAR CON MARÍA A LA LUZ DE LA EUCARISTÍA

 

 

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