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María del Refugio y la Navidad

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María del Refugio y la Navidad

Para la Venerable Madre María del Refugio Aguilar y Torres era muy importante celebrar con solemnidad todas las fiestas de los tiempos litúrgicos. Reconocía el valor de los signos y símbolos y su gran potencial catequético y evangelizador.

El tiempo de Navidad era muy especial, lo celebraba con gran alegría. Organizaban las posadas para prepararse a este gran acontecimiento. Pedía a las hermanas que se prepararan con jaculatorias, actos de amor, sacrificios y colocando varios nacimientos, para que por toda la casa se recordara la venida del Señor. Ella los ponía de tal manera que al mirarlos invitaban a la devoción. Exhortaba a preparar un ajuar al Niño Jesús, ofreciendo un acto de virtud por cada prenda de vestir. Así mismo, motivaba a reflexionar sobre el misterio a celebrar, haciendo comentarios alusivos, rezando el rosario y cantando villancicos.

En las posadas reinaba el entusiasmo y la alegría, con ruido de panderos, pitos y sonajas, tiradero de confites y cacahuates, travesuras y juegos de estrado. Comenzaba con el rezo de la novena y la procesión de los santos peregrinos pidiendo posada; después piñatas, dulces y cena. Cada día tocaba a alguna hermana hacer la piñata y preparar el obsequio a repartir entre todas, María del Refugio gozaba viendo cópmo las hermanas apaleaban la piñata y recogía fruta. El testimonio de la hermana Consolata García Fernández dice:
“Las posadas las celebraba con grande animación, tocando las castañuelas (que, por cierto, lo hacía muy bien y con gran destreza y elegancia). Gozaba viendo quebrar las piñatas y después de repartirnos los aguinaldos, tiraba fruta en abundancia. Luego seguían los chistes, bromas, tan bien preparados de antemano, que hasta el R. P. Zaragoza y la R. M. Guadalupe, que era su Vicaria, caían sin darse cuenta, por lo que ella gozaba como una niña. ¡Qué felices pasamos a su lado las que tuvimos la dicha de haberla conocido!

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