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María del Refugio nos habla

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María del Refugio nos habla


En este documento ofrecemos algunas frases de la Venerable Madre María del Refugio Aguilar y Torres, mismas que son un legado espiritual. Te invitamos a leerlas de manera pausada, subraya la que más te haya llamado la atención y cerrando tus ojos haz un momento de oración.



I LECTURA

  1. “A la sombra del sagrario nada nos faltará”
  2. “A nuestro Señor no le gustan los corazones partidos hay que dárselo todo entero”.
  3. A una Hermana decía: “Dígame qué grupo de niñas tiene a su cargo. Vea que son almitas que Ud. Tiene en sus manos y que de ellas tiene Ud. Que dar cuenta a Nuestro Señor”.
  4. “Al venir Jesús a mi pecho de tu amor lo encuentres lleno”
  5. “Con el fiel complimiento de los deberes diarios debemos de ganar el cielo”.
  6. “Confiemos siempre en Dios, en medio de las dificultades y problemas, sólo de Él nos vendrá la fuerza y el remedio”
  7. “Cuanta necesidad hay que los niños aprendan a amar y servir fielmente al Señor”
  8. “Debemos tener solamente lo necesario e indispensable para nuestro servicio, y no con lujo.”
  9. “Dios es el primero y el último a quien debemos de agradar. Hay que amarlo”
  10. “Dios las ha traído a su santa casa para que sean santas y grandes santas. Buenas hay muchas en el mundo deben hacerse santas.”
  11. “Dios nos escogió para su servicio, de Él podemos esperarlo todo, amemos a Jesús con todo nuestro corazón a costa de sacrificios y penurias”.
  12. “Dios sólo, lo demás es secundario”
  13. “El corazón de la religiosa debe estar limpio de todo rencor, orgullo y vanidad porque es la morada de Jesús “
  14. “El dolor no deforma, transforma”
  15. “El que lleva a Jesús en su corazón lleva un paraíso en la tierra”.
  16. “El único consuelo que tenemos en esta vida es que termina y luego gozaremos en la otra”.
  17. “¿Es la voluntad de Dios que quiere esto? Hay que aceptarlo.
  18. “Esforcémonos por progresar cada día en la perfección a la cual nos llama Dios”.
  19. “Grande tristeza me da “decía a una hermana” diciéndome que allí las niñas pagan poco. Hay que buscar almas y no dinero.”
  20. “Hagan todo por amor, nada por la fuerza sino por la fuerza del amor”
  21. “Han dejado ustedes patria para ir a salvar almas. Dios las ayudará y nada les faltará”
  22. “Hay que luchar y sufrir hasta vencer todas las tempestades que nos levanta el demonio o las creaturas”
  23. “Hay que poner toda nuestra confianza en Dios y seguir adelante sin arredrarnos ante las dificultades”
  24. “Hermanas, demos continuas gracias a Dios. De Él nos viene todo lo bueno que podemos hacer”.
  25. “Hijas mías con espíritu sereno y en unión con Dios debemos soportar diariamente lo que él nos envía para nuestra santificación”.
  26. “Hijas mías no terminen nunca una clase para niñas, por árida que sea, sin hablarles antes de Nuestro Señor y de la Bondad de su corazón”.
  27. “Hijas mías no vinieron a ser buenas sino santas
  28. “Hijas mías todo lo que hagamos es poco para agradecer a Nuestro Buen Jesús el haber querido quedarse con nosotros hasta la consumación de los siglos “
  29. “Hijas mías, la oración sea siempre el arma contra el demonio”
  30. “Hijas mías, por amor a la santa pobreza, deben cuidar las escobas, libros y cuanto tengan para uso y servicio”.
  31. “Hijas mías, vivan siempre en la presencia de Dios trabajen y oren”.
  32. “Hijas mías: esforcémonos por progresar cada día en la perfección a la cual nos llama Dios”
  33. “Hijas mías: procuren no sólo instruir su inteligencia sino muy especialmente llenar de hermosas flores su corazón”
  34. “Hijas: vivid siempre en la presencia de Dios”
  35. “Jesús Sacramentado se siempre el encanto de nuestros corazones.”
  36. “La santa Misa es el sacrificio supremo y no debemos distraernos cuando asistamos a él”.
  37. “Las austeridades de la vida religiosa, hay que sobrellevarlas, por amor a Dios y servirle con fidelidad”.
  38. “Leyendo noticias del mundo se divaga el espíritu y le negamos a nuestro Señor el servicio y el amor que prometimos”.
  39. “Muchas almas no conocen a Dios, la juventud se pierde… hijas oren mucho por ellas”
  40. “No hay obra más bella ni más meritoria a los ojos de Dios, que la que se consagra en la formación de la niñez”. 
  41. “No temo que ustedes me cierren los oratorios como dicen, porque el oratorio que llevo en mi corazón, ese sí que no lo podrán cerrar”.
  42. “Nos basta saber que sólo por Dios trabajamos y nos sacrificamos”
  43. “Nunca cometáis algo que os avergüence ante Dios y ante vuestros padres”
  44. ¡Oh Jesús uníos a mí del modo más firme e íntimo y bendecid los votos que me ligan a vos para siempre”
  45. “Por medio de la educación en nuestros colegios se propagará el amor a Jesús Sacramentado y a la Virgen María.”
  46. “Por nosotras mismas todo perderíamos, pero gracias a la Pasión y Muerte de nuestro Señor Jesucristo llegaremos al cielo”.
  47. Que nuestra vida se consuma al pie de tu Sagrario”.
  48. “Qué triste sería nuestra vida si no tuviéramos la esperanza de la vida futura y gozar de Dios eternamente”.
  49. “Quien da algo a los pobres es como si se podará y después da mejores flores y frutos”
  50. “Sé por la fe que Jesús está realmente presente en la sagrada Eucaristía y yo lo creo y lo adoro”
  51. “Señor te entrego la comunidad que tú me confiaste, es obra tuya; ha sido fundada para darte gracias”.
  52. “Señor yo toda tuya, tu todo mío, eternamente tuya, eternamente mío”
  53. “Si hemos logrado imprimir siquiera un buen sentimiento en el corazón de los niños daremos por bien empleado nuestros afanes”
  54. “Sigamos adelante llevando nuestra cruz, pues todo lo que hagamos en la casa del Señor hasta levantar un alfiler, tendrá una grande recompensa en la otra vida”
  55. Sólo a Dios toca juzgar, a nosotras no, pues no sabemos las intenciones con que haya obrado aquella persona”.
  56. “Somos soldados de Cristo, seremos vencidos si cesamos de pelear”.
  57. “Soporten siempre con buen ánimo y hasta con alegría las contrariedades de la vida”
  58. “Su mirada deben siempre de llevarla al cielo y no al suelo”.
  59. “Todo lo que se hace por dar gusto a Dios y en su divina presencia tiene que salir bien”.
  60. “Todo sufrimiento que se pasa en esta vida, resignándose con la voluntad de Dios, tendrá su recompensa”.
  61. “Ven a mi Jesús dame paciencia y en la contrariedad dame prudencia”.
  62. “Ven a mi Jesús quiero decirte que a cada instante anhelo recibirte”.
  63. “Vuestro amor a Dios debe ser un constante Sí a la voluntad Divina”
  64. “Yo siempre pido al Señor que mis hijas sean fieles a Él y tengan entre ellas caridad y amor.”

II.-  REFLEXIÓN

Después de haber orado un momento te invitamos a que reflexiones la calidad de ejemplo que das a las personas con las que convives. Reconocemos que María del Refugio es modelo de mujer, hija, esposa y religiosa.

Lectura: El ministerio de la edificación fraterna.

 “Es imposible comprender la comunidad religiosa si no se parte del hecho, de que es un don de lo alto, de que es un misterio, de que hunde sus raíces  en el corazón mismo de la Trinidad santa y santificadora, que quiere que forme parte del misterio de la Iglesia para la vida del mundo”.(3)

La fraternidad se construye con el esfuerzo de todos, es preciso hacerse responsable de este servicio o ministerio pues como dice San Pablo, “estamos edificados sobre los cimientos de los apóstoles y profetas, y el mismo Cristo Jesús es la piedra angular… y en quien también vosotros sois edificados conjuntamente para ser, por medio del Espíritu, morada de Dios” (Ef 2, 20-22). Por eso “confortaos mutuamente, edificándoos unos a otros” (I Tes 5,11).

María del Refugio acogió comprometidamente el don del carisma como encuentro con el Padre rico en misericordia, encuentro con Jesús Eucaristía revelación del amor del Padre en la historia y con docilidad y escucha fue descubriendo la inspiración del Espíritu Santo que la guio en el inicio de establecer la gran comunidad que hoy se denomina eucarística mercedaria y le iluminó cómo realizar el ministerio de edificarla. La manera de hacerlo fue escuela para sus primeras seguidoras y principios generales para los miembros actuales y futuros de su familia.

 “Como familia que es, en la Comunidad de María del Refugio hay un orden y un respeto que guardar, establecido en sus reglas y horarios, así como en el trato cordial y educado indispensable para la convivencia filial y fraterna. Cuando escribe a las hermanas, las exhorta a ser comprensivas y tolerantes… la bondad, la urbanidad, la paciencia, la humildad, son elementos que deben existir para que las relaciones en toda familia sean constructivas y fraternas. Pero sobre estos, el amor y el perdón… La auténtica relación fraterna es armonía entre los miembros y ésta se manifiesta en alegría. Por eso la señalaba como distintivo de la Comunidad y repite insistentemente parafraseando a Santa Teresa: tristeza y melancolía no la quiero en casa mía… Los momentos de recreo son también ocasiones para formar a las hermanas”. (4)

Se preocupó por cada hermana y lo expresó con detalles, tejió prendas para que se abrigaran en el invierno; les hizo alegre la vida y aún en época de persecución religiosa no dejó de celebrar las posadas con alegría. En medio de preocupaciones y falta de sueño mientras la comunidad dormía ella pasaba las noches haciendo el pan que habían de comer sus hijas al día siguiente. Estuvo en constante comunicación epistolar con las hermanas que habían tenido que dejar la patria y se encontraban en el extranjero, estuvo atenta a todos los detalles necesarios para que no se rompiera la fraternidad.  Enemiga de enredos y buscadora de la verdad, vivió y pidió integridad en cada una de las hermanas y así logró la vivencia de la libertad y la unidad en la congregación. (5)Exhortó a la unión y caridad fraterna. Cuando salía de la casa central por primera vez a hacer la visita canónica de Popotla les dejó a las hermanas un mensaje en una postal de la Virgen de Guadalupe: “El día que quebranten mi mandamiento de amarse todas como miembros de un mismo cuerpo, entonces no serán dignas de que la Virgen os tenga como hijas” (5)

Amedeo Cencini en su texto La vida fraterna, propone acciones para el ejercicio del ministerio de la edificación fraterna. Parte de las acciones que él sugiere, las retomamos como maneras que en el presente, en las comunidades eucarísticas mercedarias pueden ponerse en práctica porque se relacionan con los principios que el Espíritu iluminó y María del Refugio Aguilar y Torres estableció para construir la comunidad fraterna.

 

  1. Dar gracias

Dar gracias a Dios por la comunidad que me da, porque ella es el lugar teológico donde se da la santificación. Es el lugar donde el Padre sigue plasmando en cada hermana la imagen y los sentimientos de su Hijo que capacitan para vivir la misericordia y así mostrarles su Rostro a los hermanos.

 

  1. Bendecir a la comunidad

Bendecir a la comunidad es amarla con el amor con que Dios nos ama, así edificaremos sobre roca firme. Amar solamente con amor instintivo y terreno es edificar sobre arena; en cuanto venga un poco de viento y lluvia (antipatías, envidias, celos) se esfumará todo rastro de fraternidad que se expresa en atenciones y diálogo.

Bendecir a la comunidad, es hablar bien de ella, de nuestras hermanas, tanto dentro como fuera. Cuando hay críticas destructivas, círculos cerrados, donde se pierde la confianza por falta de sinceridad, al no decir las cosas de frente cuando algo no marcha bien o cuando la corrección fraterna no es con caridad, donde no hay sencillez y perdón, la bendición se aleja y es imposible que allí esté el bien de su presencia.

La oración es la clave con la que la comunidad es bendecida. Se debe orar por la comunidad. Sostener, alentar, dar confianza, acompañar a las hermanas enfermas, ancianas y a las necesitadas, todas estar al pendiente de todas, eso es fraternidad, mostrarles el amor que Dios les tiene.

Exhortar a la comunidad

Nunca se debe dejar de exhortar a la comunidad porque diariamente está expuesta a la precariedad, y hay que estimar y valorar hasta qué punto, cuándo, dónde y cómo debe ser la exhortación. No dejar que crezcan los problemas y malentendidos que lleven a descuidar el tesoro que Dios da para cuidar y crecer como hijos y hermanos suyos.

La corrección fraterna es uno de los medios con que se exhorta a la comunidad si se practica se crecerá en el amor y se buscará el bien de todos.

 
El paso de Dios en nuestra vida fraterna

María del Refugio dio al mundo el mensaje de fraternidad, por medio de una vida eucarística, de entrega, de donación de la vida por los demás, sobre todo por los más necesitados, los que carecen de libertad. Sólo la comunión con Cristo y la contemplación del Misterio Eucarístico pueden transformar el corazón del hombre oprimido por el pecado y hacerlo capaz de vivir el Amor, que es paciente, servicial, comprensivo, que busca el bien de los otros, que no busca su propio interés (1 Cor 13:4-8), en una palabra que practica el amor oblativo, el que se da sin esperar nada.

María del Refugio desplegó su vida Trinitaria Eucarística en la vivencia de la fraternidad; abrió espacios para la experiencia de comunión universal.  El carisma recibido la impulsó a traspasar fronteras buscando la unidad en la diversidad; en el diálogo constante a través de cartas, pidió siempre transparencia en la vida de las hermanas, unidad, donación y la práctica del único mandamiento que nos dio Jesucristo: amarnos como Él nos amó y tener como centro de todas las cosas el amor al Santísimo Sacramento.

 

La visión universal de fraternidad no le eximió de las exigencias de lo cotidiano y, por lo tanto, la llevó a cabo dentro del núcleo comunitario, de donde nace la fuerza para ir hacia los demás.

“Su mensaje para nosotras sus hijas es muy claro: “ser constructoras de fraternidad; mediadoras de comunión entre Dios y los seres humanos, como Jesús en el Misterio Eucarístico”. (6)

El vínculo fuerte que nos une a todas como hermanas es Cristo. Por ello, a pesar de nuestras fragilidades humanas, estamos llamadas a esforzarnos por hacer de nuestras comunidades familia que viva el amor, para construir en ella auténtica fraternidad. Así lo señalan nuestras Constituciones: “Como fruto de nuestra espiritualidad, nos respetamos unas a otras, tratándonos con educación, sencillez y espíritu fraterno” (Const. Art 62). Este mandato también invita a la práctica de la humildad y la reconciliación, virtudes sin las cuales es imposible vivir la caridad y la fraternidad.

Impulsadas por las palabras de Cristo: “Si al ir a presentar tu ofrenda ante el altar, recuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda”. (Mt 5, 23-24) y las palabras de nuestra madre fundadora “No llegan a una casa de ángeles, así que todo lo que les parezca mal en sus hermanas, perdónenlas y no las juzguen, todos tenemos miserias humanas” (AGHMSS: Testimonio de Elvira Herrera, citado en el libro Servir al Estilo de Cristo G.H. Foulkes), tengamos presente que el servicio a Dios pierde su valor, si no es sostenido por el amor y la unidad fraterna. 

¿De dónde le venía a María del Refugio la capacidad para establecer vínculos consistentes con quienes se relacionaba y la compasión de acoger a las personas que necesitaban ayuda descubriendo en ellas el latir del corazón del Padre? Las fuentes nos dicen que pasaba horas ante el Jesús Sacramentado, por ello de su experiencia eucarística se puede deducir su capacidad de comunión. La Eucaristía es la razón, el sentido de su vida; los gestos realizados por Jesús en la cena celebrada y conmemorada, deben llevar a “sentir la unidad entre sí y con Dios”. Vivir de manera eucarística implica compartir la vida, en favor de los hermanos y hermanas, no esperando recibir nada, más que el gozo de saberse fieles a la voluntad de Dios, que se alegra de ver a sus hijas conviviendo como tales.

En la circular que el 10 de marzo de 1931, María del Refugio dirigió a las hermanas les manifestó: Nuestro Señor Sacramentado sea siempre nuestro camino y nuestra vida y la Virgen Santísima Madre nuestra, nos alcance esta merced y bendiga nuestro amadísimo apostolado. Con estas y otras palabras en diversos momentos señaló la devoción a María, en la advocación de la Merced, que para ella era Madre, abogada y protectora. Aprendió a adorar, alabar, dar gracias y pedir perdón y favores como elementos de su oración y lo indicó como parte del apostolado o misión al darle tres rasgos: oración, enseñanza y sacrificio.

La misericordia fue clara manifestación de su vida trinitaria y eucarística, que plasmó en la fraternidad, haciendo eco de las palabras: “poned el mayor empeño en añadir a vuestra fe, la virtud, a la virtud el conocimiento, al conocimiento la templanza, a la templanza la tenacidad, a la tenacidad la piedad, a la piedad el amor fraterno, al amor fraterno la caridad universal”. (2Pe 1,5-7)

Sus hijas estamos llamadas a experimentar el gozo de una vida comunitaria y fraterna que crece y se sostiene a la luz de la Palabra, de la celebración eucarística y de la adoración a Jesús Sacramentado.

Desde Jesús resucitado presente en la Eucaristía, podemos proclamar con certeza la fidelidad de Dios quien en Jesús y por la acción del Espíritu ilumina el horizonte humano-divino de la fraternidad, edificada en la comunión trinitaria que hace pasar de la división a la unidad, de la indiferencia a la solidaridad, del egoísmo a la generosidad, del yo al nosotros, de la evasión a la misión,

El paso de Dios en nuestra vida fraterna se da al interiorizar el carisma y espiritualidad que recibimos del Padre mediante el don que dio a María del Refugio y que nos capacita para abrirnos hacia relaciones que sean signos del amor trinitario, así nuestra Congregación continuará sirviendo a la sociedad actual en el contexto donde está inmersa y a la Iglesia si somos verdaderamente Eucarísticas Mercedarias.

III CONCLUSIÓN

¿A qué te invita esta reflexión?


Evangelizar con María a la luz de la Eucaristía

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