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Exigencias del apostolado

VJE


Las Hermanas Mercedarias del Santísimo Sacramento tenemos el regalo especial del carisma hecho vida por María del Refugio Aguilar y Torres. Cada una lo recibimos en el día que ingresamos, lo confirmamos con nuestra Profesión religiosa y lo enriquecemos en el día a día, alimentándonos de la Eucaristía y del amor a María de Merced.

El apostolado eminentemente educativo que eligió María del Refugio respondía a las necesidades de su realidad, de su tiempo; pero lejos de ser anacrónico se confirma esta necesidad de educar; no sólo a un estrato de la sociedad, sino a la sociedad misma.

En las Constituciones renovadas en 2010, el artículo 79 hace mención a lo que María del Refugio nos pide a sus hijas: Nuestra Madre Fundadora, practicando las obras de misericordia, nos enseña con su amor heroico a vivir el ardor misionero con las siguientes notas:

  1. Que “formemos en cada alumno un trasunto fiel de Jesucristo”.

 

  1. Que propaguemos por todos los medios posibles el amor a la Eucaristía y a Nuestra Madre de la Merced.

 

  1. Que eduquemos a niños, jóvenes y familias con la palabra, el ejemplo y la oración.

 

  1. Que descubramos que en el centro de todas las ciencias está Dios.

 

  1. Que seamos diligentes y vigilantes en el cuidado de los niños y jóvenes.

 

  1. Que fomentemos en nuestra comunidad educativa el espíritu de comunión, libertad, esfuerzo y sacrificio”.[i]

 

Estos cinco elementos nos dan una fisonomía propia, una manera de contribuir en la Iglesia y sociedad en bien de la humanidad. Para lograr esto es necesario un compromiso personal que nos lleve a darnos por completo a Dios. Nosotras, religiosas y, los laicos desde su propia vocación.

Analicemos cada aspecto

“formemos en cada alumno un trasunto fiel de Jesucristo”

Un trasunto quiere decir una “transcripción, copia, calco”; cuando uno es capaz de conocer a Jesús y tiene la valentía de seguirle de cerca, entonces se alcanza, con la gracia de Dios, imitarle. Cuando uno tiene sus actitudes se convierte en ese trasunto. Se dice de San Francisco de Asís que es “Alter Christus”: otro Cristo.

Nuestros educandos necesitan de nuestro acompañamiento cercano en este seguimiento de Jesús. Aclaremos que el “seguimiento” no quiere decir ser religioso o sacerdote. Quiere decir: seguir las huellas de Jesús para vivir como Él vivió, actuar como él lo hizo, asumir sus sentimientos y finalmente: padecer, morir y resucitar con Él.

De forma específica nosotros queremos formar un trasunto de Jesús redentor en la eucaristía. Favorecer que en nuestros educandos se formen almas eucarísticas quiere decir que asuman actitudes de: Donación, Amor, Gratitud, oblación

 

Que propaguemos por todos los medios posibles el amor a la Eucaristía y a Nuestra Madre de la Merced

Bellas palabras nos dejó María del Refugio: Nuestro Señor Sacramentado sea siempre nuestro camino y nuestra vida, y la Virgen Santísima, Nuestra Madre, nos alcance esta singular merced y bendiga nuestro amadísimo apostolado”[1]

El amor a Jesús Eucaristía brotará de un corazón que está enamorado, que reconoce y agradece todo lo que ha recibido.

¿Cómo lo propagamos? Mediante la participación asidua en la Celebración Eucarística, la adoración y frecuencia de los sacramentos. Mediante el conocimiento y práctica de los elementos esenciales de la vida cristiana.

El amor a María de Merced comienza en el conocimiento de su vida, de su participación en la obra de la redención, con su SI generoso, sencillo, callado y eficaz.

María es para nosotros el modelo de vida cristiana, pues desde su sencillez supo acoger al Salvador en su vientre materno; seguirlo desde la fe, en el proceso de crecimiento, anuncio, proclamación del evangelio, pasión, muerte y resurrección. Mujer que se mantuvo en pié ante el dolor, la adversidad; y la incertidumbre

¿Qué promovemos?

  • La imitación de sus virtudes
  • La devoción al Santo Rosario
  • El rezo del Angelus, las jaculatorias, oraciones de consagración, las tres Ave Marías

 

Que eduquemos a niños, jóvenes y familias con la palabra, el ejemplo y la oración

Educar, es decir “sacar” lo mejor de cada estamento con tres elementos fundamentales:

LA PALABRA, EL EJEMPLO Y LA ORACIÓN

La palabra

Esta es el arma más poderosa. Basta una sola de ellas para dar vida o para quitarla; para enriquecer a una persona o para destruirla. La palabra que emitimos debe ser bien pensada, mesurada, discernida.

La relación con los educandos no sólo es en materia de contenidos educativos, sino FORMATIVOS; de ahí que debemos esforzarnos porque nuestras palabras sean de calidad; que nos expresemos claramente, que nuestros mensajes sean directos.

En el lenguaje de un educador deben estar palabras que den vida, de aliento, de fortalecimiento en la autoestima propia y del otro.

Las palabras deben ser utilizadas con caridad.

El ejemplo: En el Evangelio se nos habla del ejemplo y lo sabemos muy bien desde pequeños. Hay refranes que expresan la importancia de esta actitud coherente.

En el proceso de comunicación, de acuerdo con el enfoque centrado en la persona,[2] existen tres señales humanas: la palabra, el símbolo y la actitud de vida. La palabra es el elemento importante para la comunicación y el lenguaje oral posee una gran riqueza. Es necesario que para una buena comunicación la codificación sea común. El símbolo es parte de la comunicación no verbal, pero es de igual importancia, aunque se dice que hablamos más con lo que actuamos que con lo que sale de nuestra boca.

La actitud de vida es la parte más profunda en este proceso de comunicación; es cuando el lenguaje verbal o simbólico pierde la fuerza, o más bien adquieren otro significado. Es el nivel de congruencia, o testimonio.

Carl Rogers se refiere a la congruencia como la genuinidad o autenticidad que debe tener una persona entre lo que dice y lo que hace.

En el proyecto de María del Refugio se habla sobre el testimonio; dice que es urgente que el docente sea congruente entre sus enseñanzas y sus acciones.

La oración

La palabra de la que hablamos hace unos momentos es fundamental en las relaciones interpersonales. Es el medio para expresar nuestra forma de pensar y de sentir. Es por la palabra que llegamos a conocer a otros.

Pues si esto es verdad, la oración es la forma de comunicarnos con Dios; es el diálogo con el Papá, con el amigo, con el esposo… orar es hablar con quien sabemos que nos ama. De aquí que, si no oramos entonces no podemos expresarle a Dios lo mucho que le amamos, que lo necesitamos. Si la oración es “un impulso del corazón” ¿deberíamos estar siempre orando?

Se dice de María del Refugio que se le encontraba varias horas frente al Santísimo, orando, pidiendo a Dios por sus hijas y por la obra encomendada.[3]

Hagamos una distinción entre ORAR y REZAR. Rezar es expresarse mediante fórmulas ya establecidas algunas oraciones. Por ejemplo se ora con la liturgia de las horas, pero se recitan los Salmos. Se reza el Santo Rosario, pero se ora con él.

Cuando la oración se convierte en un hábito arraigado en nosotros nos convertimos en personas orantes. La oración es nuestro alimento, nuestra fuerza.

Existen diversas formas de orar:

Oración vocal, mental. Oración contemplativa, de alabanza, de adoración, petición. Oramos con la liturgia de las Horas que es la Oración de la Iglesia. Pero sobre todo oramos en la Eucaristía.

En la celebración eucarística nuestra actitud debe ser orante es hacer la presencia de Dios en nuestra vida. Nosotros, eucarísticos mercedarios debemos permanecer en continua oración. Desde que nos levantamos, elevar nuestro pensamiento y gratitud a Dios por lo que nos ha dado; por el amanecer, porque estamos vivos, porque tenemos la capacidad de amar, porque somos felices, por… tantos motivos.

 

Que descubramos que en el centro de todas las ciencias está Dios.

Esta verdad es fundamental en el proyecto de vida de la Congregación y de los Colegios eucarísticos mercedarios. Desde el prospecto educativo de María del Refugio en 1910 se propone a los primero alumnos la teocentricidad.

Si Dios está en el centro de todo lo que somos, hacemos, pensamos; si es por Él, con Él y en Él entonces nuestras actitudes se convierten en eucarísticas.

En nuestro quehacer educativo se oye con frecuencia:

  • “Que la religión la den las madres” “Que las hermanas les hablen de Dios” “A mí no me alcanza el tiempo” “a mí no me toca hacerlo” “Yo no sé y ni me gusta” etc.
  • ¿Es tan difícil decir: “Alabado sea el Santísimo Sacramento del altar” y con esto hacer presencia de Dios? ¿Es tan difícil terminar la clase con una expresión y oración tan hermosa como “Que Dios te bendiga”?

Dios es el Creador de todas las cosas, en Él nos movemos y somos. Por lo tanto no podemos hablar de ciencia si no está presente.

  • Si estamos en clase de español: cuando se trata de elegir libros de lectura, podríamos leer la Biblia; si estamos en composiciones literarias, podrían hacer una oración o un salmo.
  • Si estamos en matemáticas podemos hablar de los números simbólicos en la Escritura…
  • Si estamos en danza, los rituales religiosos en las danzas autóctonas
  • Si estamos en informática ¿quién le da inteligencia al hombre para llegar hasta este momento de nuestra vida tecnológica?

Sólo es cuestión de creatividad. Si estoy enamorado de Dios, debe salir de mi interior el querer hablar de Él y hacer que otros también se enamoren.

Que seamos diligentes y vigilantes en el cuidado de los niños y jóvenes

Dice María del Refugio: “Deben ejercer una vigilancia continua y absoluta sobre ellas, convenciendo, persuadiendo y previniendo más bien que castigando las faltas, con la mayor suavidad y eficacia.

Insistía a sus religiosas que debían participar con las niñas en sus recreos, en sus pláticas y en sus juegos. Les prohibía rezar en esos momentos porque debían estar atentas. Y una expresión que nos permite ver la gran importancia que daba a este aspecto es cuando dice: Si el Santísimo está expuesto y el altar se está quemando y hay dos niñas solas: dejen al Santísimo y vayan con las niñas, no sea que por descuido pierdan la inocencia”.[4]

Palabras que nos invitan a reflexionar en varios puntos.

Participar en sus pláticas: escuchando con atención, pero con sabiduría para orientar

Participar en sus juegos: hacernos cercanos a ellos, disfrutando de su compañía, de su inocencia y dinamismo.

Ser diligentes quiere decir tener la capacidad de estar atentos y disponibles. Puedo estar en el receso tomando un refrigerio, pero atento a lo que sucede a mi alrededor.

Cuando nosotros convivimos con nuestros educandos ganamos su confianza, su respeto y de esta forma nos volvemos cercanos para persuadirlos y convencerlos. Esta es una forma en que podemos prevenir las faltas.

En 1936 María del Refugio escribió a una religiosa reprendiendo su actitud y le dice: “a las niñas no se les trata así, se las gana y ya ganadas se hace con ellas lo que quiera…” Esto se logra con la cercanía.

Finalmente dice Xabier Pikaza en 1994 que “Los cimientos de una disciplina preventiva son: acoger, amar y sembrar”[5]

Que fomentemos en nuestra comunidad educativa el espíritu de comunión, libertad, esfuerzo y sacrificio

La Comunidad educativa se vuelve en una fuerza de cambio extraordinaria, siempre y cuando exista sinergia entre sus estamentos.

Cuando todos estamos convencidos de un mismo ideal y unimos nuestras energías en alcanzarlo podemos transformar instituciones, sociedad, pero sobre todo: vidas.

La comunión se refiere a la “Común unión” que debe existir entre todos. Aspecto difícil de tratar y sobre todo de vivir.

En ocasiones como esta se disfruta de la Comunión, pues todos venimos por propia voluntad y con deseos de compartir; pero en el día a día se nos van diluyendo los ideales y nos vamos perdiendo en los intereses personales, olvidándonos de nuestros educandos.

La espiritualidad de la Comunión expresa, una vez más, que Dios es el centro de nuestra vida y en torno a Él nos unimos como hermanos.

La libertad es don precioso que Dios da a los hombres, Viktor Frankl  dice que “el hombre religioso es quien tiene la convicción de que ha sido creado libre y esta misma libertad o albedrío es lo que le permite aceptar o rechazar situaciones que le convienen o no”.

Necesitamos reconocernos como personas libres y como formadores de libertad, por ello es necesario descubrir en nosotros mismos aquellas cosas que nos atan. Una vez que seamos liberados entonces podemos colaborar en la liberación de otros.

Dice Freire que “la libertad es el resultado de varias actitudes y que si el amor no genera actos de libertad entonces no es amor”[ii] Por lo tanto nuestro  proceder debe ser por amor, fundamentado en él, y finalmente para eso fuimos creados, no para educar, o administrar, limpiar o programar, sino para AMAR.

El esfuerzo y el sacrificio van de la mano. Todo lo que hacemos, desde levantarnos temprano, preparar alimentos, tender camas, desplazarnos al trabajo, atender a los educandos, asumir las labores, cumplir con lo administrativo, etc. Todo ello implica un esfuerzo grande por parte de cada uno de nosotros, pero también implica sacrificio.

De nosotros depende si pasamos la vida haciendo lo mismo sin sentido; o bien si le damos un sentido a lo que hacemos: ofreciéndolo a Dios como un acto de amor continuo. Esto nos ayudará a alcanzar la santificación y seremos eficaces medios para ayudar a otros a alcanzar la santidad.

Finalmente, nuestros colegios son de calidad si quienes los conformamos somos personas de calidad. No solo las estructuras, las innovaciones tecnológicas o científicas; sino la calidad humana de quienes intervenimos de una forma u otra en la educación de nuestros niños y jóvenes.

[1] MRA Circular del 10 de marzo 1931

[2] González, 1987. P 108

[3] María del Refugio, Madre, Esposa y religiosa P. 315

[4] María del Refugio, Madre, Esposa y Religiosa. P. 333

[5] María del Refugio Aguilar, vida y mensaje.

[i] Constituciones Hermanas Mercedarias del Santísimo Sacramento. 2010

[ii] Araujo Freire 2004

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