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Redefiniendo el carisma

R.M. Guadalupe Aguilar Cancino HMSS


Introducción

La exhortación apostólica Evangelica Testificatio define a la vida religiosa como carisma, al afirmar que “el carisma de la vida religiosa lejos de ser un impulso nacido de la carne y de la sangre originado por una mentalidad que se conforma el mundo presente, el fruto del espíritu santo que actúa en la Iglesia. (N. 11)

Dios, por medio de su Espíritu, es el que interviene en la vida de los fundadores, nos prepara para la misión hace que surja en ellos la inspiración primigenia, les impulsa a emprender la fundación de una obra y les guía en su realización.

Este “Don” del Espíritu en el caso de los fundadores de las diferentes familias religiosas se encarna en una o varias personas concretas, que viven una situación histórica concreta, y que buscan una finalidad concreta.

En María del Refugio Aguilar y Torres, Fundadora de las Hermanas Mercedarias del Santísimo Sacramento, el carisma no irrumpió en forma total en un momento determinado de su propia historia; sino como fruto que el Espíritu Santo fue cultivando en la oración, el silencio y el dolor, a través de los diversos acontecimientos, que vividos a la luz de la fe y en una actitud de búsqueda sincera de la voluntad de Dios, le permitieron tomar conciencia del cometido al que estaba llamada en la Iglesia, y delinear un camino de redención que sería el patrimonio espiritual que legaría a su familia religiosa.

Todo fundador es hombre o mujer de su tiempo; María del Refugio lo fue; y la situación que vivió en su entorno nacional influyó en su concepción del mundo y en su conciencia socio-política y fue determinante para la misión de la fundación que Dios le pedía que realizara.

Al pretender en la presente ponencia definir el carisma, deseo exponer, aunque en forma somera, una sencilla génesis de cómo el Espíritu Santo fue fraguando en María del Refugio como su instrumento, alentándola con su sabiduría, fortaleciéndola en la prueba, e impulsándola para la fundación de esta Obra, con un fin muy concreto: “Conseguir la propia santificación por la profesión de los consejos evangélicos de Castidad, Pobreza y Obediencia en el seguimiento de Cristo Redentor del hombre, teniendo la escuela católica como espacio característico para difundir el amor a Jesús Sacramentado y a María Santísima, liberando al hombre de sus múltiples esclavitudes y promoviéndolo a la libertad de los hijos de Dios.

 

La inestabilidad política y económica de México en el siglo XIX, así como el positivismo y la masonería, repercutieron en la Iglesia en la pérdida de sus bienes temporales, en la promulgación de leyes anticlericales, expulsión de obispos y sacerdotes, cierre de seminarios, supresión de comunidades religiosas, intentos de cisma, cesión de algunos templos sectas protestantes, etc.

Con la llegada de Porfirio Díaz al poder (1876), comenzó un aparente período de paz, orden y progreso material, que duraría por más de 30 años. El gobierno del General Díaz modificó las leyes, pero tolero la práctica religiosa, coyuntura que la Iglesia aprovechó para la reorganización. Durante el régimen, se erigieron 8 nuevas Diócesis, fueron convocados el Quinto Concilio Provincial Mexicano y algunos sínodos diocesanos, funcionaron libremente las escuelas confesionales, lograron pleno desarrollo las asociaciones piadosas de fieles y circularon un gran número de periódicos y revistas católicas.

Comunidades religiosas de España, Italia y Francia (y unas cuantas de otros países) establecieron asilos, hospitales y escuelas para la instrucción de las familias acomodadas. Al mismo tiempo, nuevos institutos surgían en las Diócesis para atender necesidades particulares, sobre todo en los sectores marginados de la población.

Es dentro de este contexto, que María del Refugio Aguilar y Torres recibe la inspiración divina para dar vida a una familia religiosa: el Apostolado de Jesús Eucarístico, que más tarde se convertiría en la congregación de HERMANAS MERCEDARIAS DEL SANTÍSIMO SACRAMENTO.

María del Refugio Aguilar y Torres nació en San Miguel de Allende, Guanajuato, (México) el 21 de septiembre de 1866, recibiendo las aguas bautismales el día que la Iglesia honra la fiesta de Nuestra Madre Santísima de la Merced. Según la usanza de las familias adineradas de la época, recibió su instrucción en la casa paterna.

En 1886 contrajo matrimonio con Ángel Cancino, recaudador de impuestos y protegido por el presidente Porfirio Díaz, de cuya unión nacieron dos hijos.

Su vida matrimonial fue corta; (Don Ángel falleció el 6 de febrero de 1889), pero fue suficiente para conocer a políticos e intelectuales prominentes conocidos de su esposo, cuyo trato y las lecturas a las que tuvo acceso definieron su percepción de la realidad política y social del momento.

Viuda y con dos hijos, regresó a la casa paterna donde sobrellevó la rutina de una dama de sociedad de la provincia mexicana, viéndose enlutada nuevamente en 1891, por la muerte de su primogénito.

Llevada tal vez por la costumbre de las mujeres de su posición, practicó unos ejercicios espirituales de encierro, de los cuales salió completamente transformada y dedicada a vivir conforme a las enseñanzas evangélicas. Tomó por confesor a Fray José Sánchez Primo, guardián de San Francisco, quién le encaminó hacia la Orden Tercera de Penitencia donde tomó el hábito de novicia el 4 de octubre de 1895, profesó al cumplir el año reglamentario y, con el tiempo, llegó a ser Maestra de novicias y Ministra.

Ya en calidad de terciaria franciscana, dedicó su tiempo al culto del Santísimo Sacramento, a preparar niños a la primera comunión, atender a los enfermos, visitar a los presos y dar de comer a los hambrientos. Usó de su influencia para dar colocación a jóvenes desempleados y defender a los perseguidos o encarcelados injustamente. Todo esto sin desatender la formación religiosa, moral y académica de su hija, quien desde corta edad tenía el anhelo de ser religiosa y maestra.

Porfirio Díaz consolidó su poder, valiéndose del fraude electoral y la represión e instaurando un centralismo presidencial absoluto. Para sanear la economía, impulso el desarrollo industrial, aumentó los impuestos y redujo el número de servidores públicos. Atrajo al capital extranjero estableciendo condiciones favorables al inversionista, como la prohibición de la huelga, jornadas laborales de 16 horas y sueldos miserables.

María del Refugio fue víctima de las injusticias del régimen. Cuando murió su esposo (uno de los empleados más leales y honestos de la administración, en palabras del Secretario Particular del Presidente de la República), quedó desprovista, sin pensión ni ayuda de ninguna clase, ni siquiera para los gastos del funeral o traslado a San Miguel de Allende. Hacia fines del siglo, un revés de fortuna obligó a su padre a buscar un empleo fijo, mismo que ella solicitó a las más altas autoridades, recordándoles los servicios prestados por el señor Ángel Cancino a la Nación y expresamente al General Díaz y a su secretario el señor Chousal, aunque de nada le sirvieron sus argumentos.

En 1904, deseosa de dar a su hija la instrucción necesaria para llegar a ser una profesora competente y de mudarla a un ambiente que la preservará de los peligros del mundo, solicitó al gobierno una beca para la ”Nueva Enseñanza” de Guadalupe Hidalgo, donde conocía a la priora y algunas de las religiosas. Nuevamente fue desatendida su petición, pese a que algunos funcionarios influyentes, pero ciertamente menos necesitados, habían obtenido este tipo de ayuda.

Con gran esfuerzo pudo, sus propios medios, colocarla en el Colegio Teresiano de Mixcoac, donde pasaría el año siguiente al de Morelia para titularse de maestra normalista en octubre de 1907.

María del Refugio no sólo no estaba conforme ante los abusos del sistema; le preocupaba además el futuro al que conduciría los errores de la enseñanza atea y del proselitismo protestante.

La recepción frecuente del Santísimo en la Eucaristía, la oración contemplativa, los catecismos de primera comunión, y las lecturas espirituales, nutrían su amor a Jesús Sacramentado. Y en la medida en que profundizaba en la vida eucarística, aumentaba su interés por liberar a los hombres de las opresiones del mundo y de sus carencias espirituales y temporales.

Así como ella encontró en la Eucaristía La redención de sus limitaciones humanas y el fundamento para su santificación, pensaba que, para redimir al mundo de sus cautividades, debía formar almas eucarísticas, que a su vez excitaran en otros el amor a Jesús Sacramentado; pues la auténtica piedad eucarística llevaría a los individuos a manifestarse con acciones más justas y en la búsqueda del bien común. Por eso, a la par le interesaba la formación moral y religiosa de la niñez y juventud, así como la sólida instrucción científica y cultural, pues de éstos saldrían los reformadores de la Sociedad.

Su predilección por el apostolado con los niños es evidente en un escrito de 1901, donde dice: “La salvación de los niños es uno de los intereses del Corazón de Jesús; ésta está confiada a nosotros. debemos trabajar por la salvación de los niños: con el buen ejemplo con la palabra y con la oración”.

Las escuelas católicas existentes entonces, no daban una respuesta plena a sus inquietudes; carecían del ideal eucarístico que ella perseguía; eran clasistas, para ricos o pobres, dejando desatendida la clase media o dicho en otras palabras las familias “educadas”, pero sin recursos para costear las colegiaturas de sus hijos. Además, veía que los colegios regentados por religiosos extranjeros, poco hacían por cambiar las condiciones prevalecientes de injusticia, pues lejos de concientizar y motivar a los educandos en este sentido, se les formaba en los valores lengua e historia de otras naciones.

En noviembre de 1904 conoció al presbítero Vicente María Zaragoza, quien tenía en mente la fundación de un Instituto religioso con los fines y el espíritu que a ella le animaban. Pronto la convenció a colaborar con él, pues resistiéndose a ser fundadora, pretendió ingresar al Carmelo Descalzo o a la Compañía de María; no consiguiéndolo por dificultades habidas en esas Comunidades con el Señor Arzobispo de México. En los obstáculos descubrió seguramente, los signos providenciales que despejaron las dudas sobre su vocación.

Con el proyecto de fundación en mente, pasó en enero de 1908 al pensionado de la compañía de María, en la Ciudad de México, acompañada de su hija, quién también había sido contratada por las religiosas de Nuestra Señora para enseñar en su colegio anexo. Durante su estancia hizo votos privados y observó la marcha de la comunidad y del colegio, redactando por ese tiempo el reglamento y manual de oraciones para sus establecimientos futuros.

La fundación del Instituto, conocido en sus primeros años como “Apostolado de Jesús Eucarístico”, tuvo lugar el 25 de marzo de 1910, siendo socios fundadores María del Refugio Aguilar y Torres, Guadalupe Hernández viuda de Velázquez y una señorita que no perseveró.

A los pocos días, el 15 de abril, se hizo la inauguración del primer Colegio, llamado del “Santísimo Sacramento” la dirección académica fue encomendada a Refugio Cancino Aguilar (su hija) y la atención espiritual al padre Zaragoza.

El proyecto educativo de la Madre María del Refugio no se limitaba a las aulas, sino que el testimonio de la hermana portera, de la hermana cocinera, de la hermana sacristana, o de cualquier oficio que desempeñara la religiosa, lo consideraba parte de la acción educativa; asimismo, todas las actividades dentro de la jornada escolar, ya fueran en la capilla, el recreo, el refectorio o en labores.

Según el proyecto original, Las profesoras recibirían su capacitación en “Normales Eucarísticas”, para que ejercieran su vocación enseñando a descubrir a Jesús Sacramentado como centro de todas las ciencias y para que lo hicieran aplicando el método pedagógico dinámico-integral característico del instituto. Fomentarán además la espiritualidad Eucarístico – Mariana en los alumnos, visitando con ellos al Santísimo Sacramento, orientándolos en las lecturas y promoviendo las sociedades piadosas establecidas en los colegios.

En cuanto a los estímulos se acostumbraban en los primeros años obsequiar libros formativos a las estudiantes más sobresalientes, pero más que premiar el buen comportamiento o el aprovechamiento de los estudios, regía la idea de concientizar sobre el deber de hacer las cosas lo mejor posible, aun cuando el hacerlo no significará el reconocimiento de los hombres.

María del Refugio valoraba además el apostolado con las familias de sus educandos, pues consideraba que de poco serviría el trabajo de las hermanas, si los padres y hermanos no secundaban sus enseñanzas. es por esto que siempre estaba asequible a ellos, animándolos, aconsejándolos y muchas veces ayudándolos aún en lo material. Podrían además las familias, participar en las celebraciones litúrgicas e incluso pertenecer a las asociaciones piadosas erigidas en la Capilla semipública del Colegio.

Los Colegios contarían con bibliotecas al servicio de las familias, cuyas colecciones ayudaran a propagar el conocimiento y el reinado de Jesús Eucarístico en la juventud y en los hogares, promover la comunión reparadora, la comunión diaria y la devoción a la Santísima Virgen. Con el mismo fin la Congregación emprendería la tarea de editar libros y revistas. Las bibliotecas, consideradas en las primeras constituciones aprobadas entre las obras de apostolado propias del Instituto, No llegaron a concretarse por las persecuciones religiosas y posiblemente, por la falta de recursos técnicos para su funcionamiento. El segundo propósito, en cambio, comenzó a ponerse en práctica en 1930 con la publicación de las revistas: Eucaristía y Eucaristía y Redención.

Los destinatarios del apostolado de las Hermanas Mercedarias del Santísimo Sacramento, según la idea de María del Refugio, no son únicamente los alumnos y sus familias. Le preocupaban los jóvenes, para quienes estableció un pensionado anexo al colegio; y las huérfanas, a quienes amparó con especial dedicación.

Su preocupación por los pobres la llevó a despertar el mismo interés en las colegialas, para quienes organizaba visitas y convivencias con los asilados en la Cuna Católica y en la Divina Infantita. Con la aportación voluntaria de los padres de familia en especie más que económica, distribuía despensas a familias necesitadas y durante algún tiempo daba alimentos a gran número de pobres. En las revoluciones y persecuciones que siguieron a la fundación dio refugio en los Colegios a familias enteras y becó a numerosas niñas de familias que habían perdido sus bienes; en los días más trágicos, estableció un puesto de socorros donde auxiliaban a los heridos.

El arzobispo Mora y del Río, concedió en 1909 el permiso para vivir en comunidad experimentando la vida religiosa, pero la aprobación canónica encontró diversos obstáculos: poco empeño de los Obispos y Procuradores comisionados para tramitarla en Roma, extravío de la correspondencia, exilio de Monseñor Mora y del Río, Primera Guerra Mundial etcétera. La relación con el Padre Zaragoza la complicaba aún más, pues él era un sacerdote de gran celo apostólico, enamorado del Santísimo Sacramento, pero inexperto en asuntos de religiosos, perseguido por los gobiernos revolucionarios e incomprendido por sus Prelados; cansado de los contratiempos, dejó la organización del Instituto, conformándose con su capellanía del Colegio .

El Canciller de la Curia Arquidiocesana dirigió a las hermanas durante algún tiempo, hasta que, a finales de 1918, El Arzobispo de México nombró a Fray Alfredo Scotti, Mercedario, Director y Visitador, para decidir el futuro de la Comunidad.

El 10 de febrero de 1919 entregó el Padre Scotti su informe, recomendando tramitar la aprobación, por tener el Instituto la peculiaridad de valerse de la enseñanza para formar almas eucarísticas. Vistas sus razones y comentarios encomiásticos respecto al espíritu y observancia religiosas, Monseñor Mora confió al Padre Scotti la revisión de las Constituciones y todo lo concerniente a la organización canónica.

La dirección del padre Scotti coincidió con el aumento de vocaciones (entre ellas la hija de la Madre Fundadora) y por consiguiente, con la apertura de las primeras casas filiales.

Una vez aprobadas las constituciones por el Señor Arzobispo y reunidas las Comendaticias del Episcopado, partió el Padre Scotti a Roma, presentando la documentación en la Sagrada Congregación de Religiosos el primero de junio de 1922. Tan sólo dos semanas después, el 15 de junio, la Santa sede concedió el permiso para la erección canónica de las Hermanas del Apostolado del Santísimo Sacramento en México, la cual fue decretada el 25 de noviembre de 1922.

En agradecimiento a los favores recibidos por intercesión de nuestra Madre Santísima de la Merced, así como por el espíritu Eucarístico Mariano del Instituto, la Madre María del Refugio y su y su Consejo solicitaron, en 1922, la agregación a la Orden. La cédula fue concedida tres años después, con fecha 11 de julio de 1925, siendo desde entonces “Religiosas Eucarísticas Mercedarias”. (1)

En 1925 principió la expansión ultramarina del Instituto, al fundar un Colegio Eucarístico en Placetas, Cuba. El año siguiente, con el recrudecimiento de la persecución religiosa y la proscripción de la Escuela Católica en México, abrió la Congregación las primeras Casas en los Estados Unidos de América, en El Salvador y una segunda en Cuba; en 1927 en Chile y en España y en 1929 en Italia y en Colombia.

Estas fundaciones prosperaron, debido, en parte, a que la instrucción en los Colegios Eucarísticos rescata los valores nacionales, pero perfeccionados por el sentido Universal de la Iglesia, con lo que resultan cristianos comprometidos en la búsqueda del bien común y miembros útiles a la sociedad.

Un Mercedario chileno, Fray Luis Márquez Eizaguirre, fue el instrumento providencial para que algunas de las fundaciones se llevarán a cabo, concretamente las de Chile, Colombia e Italia. La primera la sugirió a leer una carta de la Madre María del Refugio al Maestro General de la Orden, donde le narraba la situación por la que atravesaba en las comunidades religiosas en México durante la persecución Callista; mientras que las dos últimas, aconsejadas también por él, fueron fruto del entusiasmo y cariño que tomó por la Congregación, después de pasar varias semanas en la Casa General y en el Colegio de La Habana en 1928. (2)

En México la situación seguía sin visos de mejoría para la Iglesia y particularmente para la Congregación: la Madre María del Refugio, delicada de salud  y resignada al apoyo que el Padre Scotti le pudiera dar en sus cartas, pues había marchado a los Estados Unidos; veía extinguirse las Obras; de ocho colegios existentes en México en 1926, para 1930 únicamente funcionaban cuatro, clandestinamente y con número muy reducido de alumnas; sufría la amenaza de expropiación de la Casa General, lo que finalmente sucedió el 8 de septiembre de 1930, cuando los agentes del gobierno tomaron posesión del inmueble, expulsando arbitrariamente a las Hermanas.

Los últimos años de su vida los pasó la Madre María del Refugio mudando de una casa a otra, en compañía de su Consejo Generalicio, de algunas postulantes y las niñas que integraban su “Obra de Infancia”.

Falleció el 24 de abril de 1937, dejando consolidada la Congregación en ocho naciones y con proyectos apostólicos en mente (fundaciones de Colegios Eucarísticos en tierras de misión), que no llegó a ver realizados. Su hija, Madre María Teresa Cancino fue la sucesora elegida por el Instituto para continuar la obra que iniciara su madre.

El proceso de beatificación de la Sierva de Dios María del Refugio Aguilar y Torres quedó abierto el 28 de octubre de 1982.


Notas:

  1. El nombre “Hermanas Mercedarias del Santísimo Sacramento” fue dado por la Sede Apostólica el 22 de julio de 1948, al conceder el Decreto Laudatorio.

 

  1. Fray Luis Márquez Eizaguirre publicó en 1929 el diario de su viaje, titulado: En México Ensangrentado.

 

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El Instituto tiene presencia en 13 países, mismos que conforman las 6 Provincias y 2 Regiones en las que estamos organizadas

Provincia del Santísimo Sacramento

México 

  • Ciudad de México
  • Cuautitlán, Estado de México
  • San Miguel de Allende, Guanajuato
  • San Luis  Potosí
  • Nuevo Laredo, Tamaulipas
  • Poza Rica, Veracruz
  • Martínez de la Torre, Veracruz
  • Tuxpan, Veracruz
  • Cosoleacaque, Veracruz
  • Tecolutla, Veracruz
  • Campeche, Campeche
  • Valladolid, Yucatán

Cuba

  • Holguín

Provincia de Nuestra Madre Santísima de la Merced
  • Tijuana, Baja California
  • Mexicali, Baja California
  • Puerto Peñasco, Sonora
  • Tuxpan, Nayarit
  • Guadalajara, Jalisco
  • Zamora, Michoacán
  • Cholula, Puebla
  • Ocotlán, Oaxaca
  • Oaxaca, Oaxaca
  • Acapulco, Guerrero
  • Ciudad de México
  • Cuernavaca, Morelos
  • Yautepec, Morelos
  • Jojutla, Morelos

Provincia del Divino Salvador

El Salvador

  • San Salvador
  • San Martín
  • Acajutla
  • San Vicente
  • Armenia

Guatemala

  • Morales, Izabal

Costa Rica 

  • Alajuelita, San José

Honduras

  • Santo Domingo de Heredia


Provincia María del Refugio

Colombia

  • Bogotá
  • Suba
  • Subachoque
  • Medellín
  • Cartagena
  • Barranquilla
  • Ibagué
  • Chía

Venezuela

  • Maracaibo


Provincia Cristo Redentor

Chile

  • Santiago
  • Santa María
  • San Felipe
  • Puerto Varas

Provincia Corpus Domini 

Italia

  • Roma
  • Palermo
  • Caltanissetta
  • Mussomeli, Caltanissetta

Región de nuestra Señora de Guadalupe
España

  • San Sebastián
  • Barrax, Albacete
  • Villacarrillo, Jaen
  • Jaén
  • Marchena, Sevilla
  • La Yedra

Mozambique

  • Pemba
 

Región de la Inmaculada Concepción 


Estados Unidos de Norteamérica


  • San Antonio, Texas
  • Cleveland, Ohio
  • Lemon Grove, California
  • Jacksonville, Florida
  • Baton Rouge, Louissiana


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La Formación en el Instituto

Las Hermanas Mercedarias del Santísimo Sacramento nos formamos de manera integral durante las primeras etapas de formación de manera dirigida y a lo largo de toda nuestra vida.

El objetivo central del proceso de formación de las Hermanas Mercedarias del Santísimo Sacramento es asumir el estilo de vida centrado en el seguimiento de Cristo desde el carisma eucarístico mercedario.

 

Aspirantado

El aspirantado es la primera etapa del proceso formativo de nuestro Instituto. Es una etapa de búsqueda, preparación y discernimiento. Su objetivo es acompañar a la candidata en su opción vocacional. Generalmente dura un año, pero depende de la preparación académica o de la edad de la candidata.

 

Postulantado

El Postulantado es la segunda etapa del proceso formativo; su objetivo es profundizar la experiencia humana y cristiana con vistas a lograr una mayor madurez en su opción vocacional por el Instituto.

El postulantado generalmente dura un año. 


Noviciado

El noviciado con el que comienza la vida en el Instituto, tiene como finalidad que la novicia conozca mejor la vocación divina particularmente la propia del Instituto, que pruebe el modo de vida de éste, que conforme la mente y el corazón con su espíritu y que puedan ser comprobadas su intención y su idoneidad.


La duración del noviciado es de dos años. En el segundo año de noviciado, las novicias, durante dos meses, realizan experiencias de vida apostólica y comunitaria con el fin de completar su formación.


Juniorado

El juniorado es la etapa de formación que comprende desde la primera profesión hasta la profesión perpetua. Durante este tiempo, la juniora debe integrarse al Instituto para vivir un proceso de profundización en la fe, en el carisma y en la vida fraterna que le posibilite su configuración con Cristo Redentor y se incorpore a la misión apostólica del mismo. De este modo se prepara para su profesión perpetua.[2]

 

Durante este período la formación de las junioras continuará de manera sistemática, de acuerdo a sus capacidades y aptitudes. Esta formación será espiritual y apostólica, doctrinal y práctica y si es oportuno, obtendrán los títulos necesarios para desempeñar mejor la misión propia del Instituto.

 

Formación permanente

Llamadas a un continuo crecimiento en Cristo, a la vivencia cada vez más auténtica del carisma del Instituto y a dar una respuesta conveniente a las exigencias de la Iglesia y la sociedad, continuamos diligentemente nuestra formación humana-comunitaria, doctrinal-espiritual, religiosa-carismática, académica y apostólica, durante toda la vida tanto a nivel personal como comunitario, aprovechando medios y tiempos necesarios para ello.

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El apostolado que realizamos las Hermanas Mercedarias del Santísimo Sacramento en 13 países del mundo: México, Estados Unidos de Norteamérica, Cuba, Guatemala, Honduras, El Salvador, Costa Rica, Venezuela, Colombia, Chile, España, Italia y Mozambique, organizadas en 6 Provincias y dos Regiones.

 

ADORACIÓN EUCARÍSTICA

Es necesario anteponer que todo apostolado lleva la experiencia de Dios que brota de la comunión y adoración eucarística. En todas las Comunidades se expone diariamente al Santísimo Sacramento.

 

EDUCACIÓN

Las Hermanas dirigimos y atendemos centros educativos desde la etapa maternal hasta estudios universitarios. En diferentes países se imparte la educación inicial o básica, media, y superior.

Contamos con dos Universidades:

En Campeche, México con modalidad presencial, semipresencial y en línea
En Morales, Izabal, Guatemala con modalidad presencial

 

PASTORAL UNIVERSITARIA

En Jacksonville las hermanas atendemos la pastoral universitaria.

 

CENTROS DE EDUCACIÓN INFANTIL

Sobre todo, en España se atienden Centros de Educación Infantil en los que se brinda a la sociedad espacios seguros, y se da a los pequeños una esmerada atención, iniciando en ellos una formación en la fe, en valores y en lo académico.

 

CASAS HOGAR

En Nuevo Laredo Tamaulipas y en Pemba, Mozambique, funcionan Casas Hogar en las que se brinda a las niñas un espacio en el que son acogidas, amadas, educadas y formadas. Estas casas y las hermanas que las atienden son la expresión misericordiosa de Dios que se hace presente en la vida de las niñas que sufren abandono.

 

EVANGELIZACIÓN Y CATEQUESIS

En todos los campos en los que servimos a Dios en la Iglesia procuramos la evangelización. De acuerdo al mandato evangélico expresado en San Lucas y al ideal de María del Refugio “he venido a traer fuego a la tierra y cuánto desearía que ya estuviera ardiendo”. En muchos de los centros educativos y en algunas Parroquias se colabora en la catequesis sacramental

 

PASTORAL PENITENCIARIA

Las hermanas colaboramos en esta pastoral en lugares donde se nos permite atender centros de readaptación social. Se promueve la dignidad de la persona y el proceso evangelizador de los internos.

 

CASAS DE ESPIRITUALIDAD

En Cholula, Puebla, México, se encuentra la Casa de Oración la Nueva Esperanza; en Colombia se ofrece este servicio en dos lugares, en Chía, Cundinamarca y en Bogotá; en España, en la localidad llamada La Yedra y en el Seminario de Jaén. Estas cinco Comunidades se dedican a brindar un espacio para la reflexión, oración y el encuentro con Dios.

 

CENTRO DE ESPIRITUALIDAD Y SALUD

En Baton Rouge, Louisiana se encuentra el centro de espiritualidad Cypress Springs Mercedarian Prayer Center, donde en un ambiente de oración se puede encontrar atención y sanación espiritual y en ocasiones física.

 

ATENCIÓN A SEMINARIO DIOCESANO

En Jaén, España se colabora con la Diócesis en la atención doméstica del Seminario diocesano. La residencia de los sacerdotes mayores que ahí radican y de los grupos que llegan a cursos, retiros, congresos, seminarios, etc.

 

MISIONES

En este apostolado colaboramos en: 

  • México, en Cosoleacaque, Veracruz
  • Cuba, en la Ciudad de Santa Lucía en Holguín
  • Guatemala, Bananera Morales, Izabal
  • Chile, en la Ciudad de Puerto Varas
  • Mozambique en la ciudad de Pemba
  •  

MISIONES TEMPORALES

Las hermanas de diferentes comunidades organizan misiones temporales con jóvenes y adultos de las comunidades educativas y/o con diferentes agentes de pastoral. Acuden a lugares necesitados en donde se lleva el mensaje evangelizador, especialmente se favorecen estas misiones en Semana Santa.

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Instituto de Hermanas Mercedarias del Santísimo Sacramento, Sin categoría

VJE

El carisma

El descubrimiento de Cristo que entregó su vida para redimirnos de toda esclavitud y su profunda incidencia con el Misterio Eucarístico, constituyen el fundamento de nuestro carisma y espíritu eucarístico mercedario. Ésta fue la experiencia original de la Venerable María del Refugio Aguilar y Torres, nuestra Madre Fundadora.

 

Las Hermanas contemplamos y asumimos las actitudes de Cristo en su Misterio Eucarístico: su entrega incondicional al Padre, la universalidad de su amor redentor y la donación de su vida como servicio a favor de la humanidad. Nos comprometemos por tanto a vivir en comunión y entrega de la vida en bien de los hermanos.

Encontramos en Nuestra Madre de la Merced el modelo de donación plena a Dios, en total disponibilidad liberadora, como ejemplo de fe, entrega y libertad.


Espiritualidad.

Fieles a la acción del Espíritu, cultivamos una espiritualidad redentora de comunión que impregna nuestro estilo de vida y da respuesta a las necesidades de los hombres y mujeres de nuestro tiempo.

 Desde la Eucaristía, sacramento pascual de Cristo Redentor y contemplando a María Madre de Merced, descubrimos a los cautivos de hoy, nos acercamos con entrañas de misericordia y somos solidarias con ellos a través de nuestra misión evangelizadora. Somos fermento de comunión donde quiera que nos encontremos, en fidelidad al compromiso que tenemos con la Iglesia de vivir y anunciar el evangelio con María a la luz de la Eucaristía.

 Por razón de nuestra vocación de Hermanas Mercedarias del Santísimo Sacramento estamos llamadas a vivir en caridad, humildad y alegría, virtudes practicadas en grado heroico por nuestra Madre Fundadora. A ejemplo de Cristo, atento siempre a la voluntad de su Padre, nosotras, fieles y obedientes a la voz de la Iglesia y de sus pastores, hacemos nuestras sus orientaciones doctrinales y pastorales desde nuestra identidad.

 Características propias de nuestra espiritualidad:

a)    Vivimos diariamente la Eucaristía como celebración pascual, adoración y  compromiso redentor que nos lleva a entregar la vida en bien de los hermanos.

 b)    Cultivamos el amor filial a Nuestra Madre de la Merced, modelo de mujer libre y liberadora, con la que nos identificamos plenamente.

 c)    Realizamos la misión redentora a través de diversas obras apostólicas, trabajando por la prevención y liberación de nuestros hermanos.

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VJE

MARÍA DEL REFUGIO AGUILAR Y TORRES


María del Refugio Aguilar y Torres, nació el 21 de septiembre de 1866, en la Ciudad de San Miguel de Allende, Guanajuato. La primera de 8 hermanos creció en un ambiente de fe y caridad. Dejó ver desde pequeña su amor a Jesús Eucaristía. A
los 20 años su padre la dio en matrimonio  al señor Ángel Cancino Arce, con quien tuvo dos hijos y en febrero de 1889 murió, dejando sola a la joven madre. María del Refugio regresó a la casa paterna y se dedicó a sus hijos. Poco después murió su primogénito.

En San Miguel, María del Refugio se dedicó a obras de caridad (visita a los enfermos, encarcelados, ayuda al pobre), a la catequesis e ingresó como miembro de la tercera orden franciscana seglar, llegando a ser ministra y maestra de novicias.

Su hija, Refugio Teresa, se trasladó a la ciudad de Morelia a estudiar para profesora; razón por la cual María del Refugio se desplazaba con cierta frecuencia a este lugar y en el que providencialmente conoció al Padre Vicente María Zaragoza, diocesano, y con quien compartió el profundo amor a Jesús Eucaristía.

En esta época María del Refugio manifestó sus deseos de consagrarse a Dios de manera formal, puesto que en sus ejercicios espirituales en 1896 hizo voto privado de castidad. Una vez que comunicó sus intenciones al Padre Zaragoza comenzaron el proyecto de fundación de una obra que se dedicara a la adoración al Santísimo Sacramento y a la educación cristiana de la niñez y juventud. 

En 1910 se fundó el Apostolado de Jesús Eucarístico, ahora Hermanas Mercedarias del Santísimo Sacramento; en medio de dificultades, persecuciones y oposiciones se levantó la figura firme, decidida y valiente de María del Refugio y las cofundadoras, quienes perseveraron y dieron vida a esta Familia religiosa. Recibimos la aprobación diocesana en 1922, la Agregación a la Orden de la Merced en 1925 y la aprobación pontificia en 1948.

Su afán de crear colegios fue para acercar a los niños y jóvenes a la Sagrada Eucaristía que la llevó a abrir colegios en diferentes países como: México, Cuba, Estados Unidos, El Salvador, Chile, España, Colombia, Italia, Venezuela, Honduras, Guatemala, Costa Rica y Mozambique; todos ellos con el mismo fin : EXTENDER EL REINO DE CRISTO EUCARISTÍA. María del Refugio Aguilar, Madre, Religiosa y Hermana . murió el 24 de Abril de 1937, en la ciudad de México, dejando en el pueblo de Dios una familia religiosa capaz de cuidar a sus educandos y acercarlos a Jesús Eucaristía. Tenía 70 años de edad y 27 años desde que fundó su congregación, la cual se ha transformado, con el correr de los años en una familia educativa EUCARÍSTICA MERCEDARIA.

 

 

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PASTORAL VOCACIONAL

Las Hermanas Mercedarias del Santísimo Sacramento brindaremos una atención especial y permanente a la promoción vocacional, comprendiendo que la dimensión vocacional atraviesa todas las etapas de la vida. Procuraremos en primer lugar que nuestras comunidades irradien acogida, preocupación, testimonio y acompañamiento a las jóvenes a fin de que busquen a Cristo y quieran ser sus discípulas. En segundo lugar, ofreceremos nuestra identidad y estilo de vida en nuestras obras apostólicas a fin de lograr una cultura vocacional, conociendo y cultivando las vocaciones en los diversos ambientes, con la certeza de que Jesús sigue llamando jóvenes para estar con Él y para enviarlas a anunciar el Reino de Dios. En tercer lugar, nos esforzaremos por vivir nuestra vocación de eucarísticas mercedarias con convicción y alegría a fin de hacer visible la belleza de seguir a Cristo Redentor en su Misterio Eucarístico. En cuarto lugar, trabajaremos en la promoción y acompañamiento de las vocaciones para que nuestro carisma continúe vivo.

En cada Comunidad del Instituto hay una promotora vocacional que ayuda a orientar y acompañar a todos aquellos vocacionados.

Orientan en el proceso vocacional para descubrir la misión de la persona en los diferentes estados de vida: Celibato, Matrimonio, Sacerdocio, Vida consagrada

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