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Las Hermanas Mercedarias del Santísimo Sacramento tenemos el regalo especial del carisma hecho vida por María del Refugio Aguilar y Torres. Cada una lo recibimos en el día que ingresamos, lo confirmamos con nuestra Profesión religiosa y lo enriquecemos en el día a día, alimentándonos de la Eucaristía y del amor a María de Merced.

El apostolado eminentemente educativo que eligió María del Refugio respondía a las necesidades de su realidad, de su tiempo; pero lejos de ser anacrónico se confirma esta necesidad de educar; no sólo a un estrato de la sociedad, sino a la sociedad misma.

En las Constituciones renovadas en 2010, el artículo 79 hace mención a lo que María del Refugio nos pide a sus hijas: Nuestra Madre Fundadora, practicando las obras de misericordia, nos enseña con su amor heroico a vivir el ardor misionero con las siguientes notas:

  1. Que “formemos en cada alumno un trasunto fiel de Jesucristo”.

 

  1. Que propaguemos por todos los medios posibles el amor a la Eucaristía y a Nuestra Madre de la Merced.

 

  1. Que eduquemos a niños, jóvenes y familias con la palabra, el ejemplo y la oración.

 

  1. Que descubramos que en el centro de todas las ciencias está Dios.

 

  1. Que seamos diligentes y vigilantes en el cuidado de los niños y jóvenes.

 

  1. Que fomentemos en nuestra comunidad educativa el espíritu de comunión, libertad, esfuerzo y sacrificio”.[i]

 

Estos cinco elementos nos dan una fisonomía propia, una manera de contribuir en la Iglesia y sociedad en bien de la humanidad. Para lograr esto es necesario un compromiso personal que nos lleve a darnos por completo a Dios. Nosotras, religiosas y, los laicos desde su propia vocación.

Analicemos cada aspecto

“formemos en cada alumno un trasunto fiel de Jesucristo”

Un trasunto quiere decir una “transcripción, copia, calco”; cuando uno es capaz de conocer a Jesús y tiene la valentía de seguirle de cerca, entonces se alcanza, con la gracia de Dios, imitarle. Cuando uno tiene sus actitudes se convierte en ese trasunto. Se dice de San Francisco de Asís que es “Alter Christus”: otro Cristo.

Nuestros educandos necesitan de nuestro acompañamiento cercano en este seguimiento de Jesús. Aclaremos que el “seguimiento” no quiere decir ser religioso o sacerdote. Quiere decir: seguir las huellas de Jesús para vivir como Él vivió, actuar como él lo hizo, asumir sus sentimientos y finalmente: padecer, morir y resucitar con Él.

De forma específica nosotros queremos formar un trasunto de Jesús redentor en la eucaristía. Favorecer que en nuestros educandos se formen almas eucarísticas quiere decir que asuman actitudes de: Donación, Amor, Gratitud, oblación

 

Que propaguemos por todos los medios posibles el amor a la Eucaristía y a Nuestra Madre de la Merced

Bellas palabras nos dejó María del Refugio: Nuestro Señor Sacramentado sea siempre nuestro camino y nuestra vida, y la Virgen Santísima, Nuestra Madre, nos alcance esta singular merced y bendiga nuestro amadísimo apostolado”[1]

El amor a Jesús Eucaristía brotará de un corazón que está enamorado, que reconoce y agradece todo lo que ha recibido.

¿Cómo lo propagamos? Mediante la participación asidua en la Celebración Eucarística, la adoración y frecuencia de los sacramentos. Mediante el conocimiento y práctica de los elementos esenciales de la vida cristiana.

El amor a María de Merced comienza en el conocimiento de su vida, de su participación en la obra de la redención, con su SI generoso, sencillo, callado y eficaz.

María es para nosotros el modelo de vida cristiana, pues desde su sencillez supo acoger al Salvador en su vientre materno; seguirlo desde la fe, en el proceso de crecimiento, anuncio, proclamación del evangelio, pasión, muerte y resurrección. Mujer que se mantuvo en pié ante el dolor, la adversidad; y la incertidumbre

¿Qué promovemos?

  • La imitación de sus virtudes
  • La devoción al Santo Rosario
  • El rezo del Angelus, las jaculatorias, oraciones de consagración, las tres Ave Marías

 

Que eduquemos a niños, jóvenes y familias con la palabra, el ejemplo y la oración

Educar, es decir “sacar” lo mejor de cada estamento con tres elementos fundamentales:

LA PALABRA, EL EJEMPLO Y LA ORACIÓN

La palabra

Esta es el arma más poderosa. Basta una sola de ellas para dar vida o para quitarla; para enriquecer a una persona o para destruirla. La palabra que emitimos debe ser bien pensada, mesurada, discernida.

La relación con los educandos no sólo es en materia de contenidos educativos, sino FORMATIVOS; de ahí que debemos esforzarnos porque nuestras palabras sean de calidad; que nos expresemos claramente, que nuestros mensajes sean directos.

En el lenguaje de un educador deben estar palabras que den vida, de aliento, de fortalecimiento en la autoestima propia y del otro.

Las palabras deben ser utilizadas con caridad.

El ejemplo: En el Evangelio se nos habla del ejemplo y lo sabemos muy bien desde pequeños. Hay refranes que expresan la importancia de esta actitud coherente.

En el proceso de comunicación, de acuerdo con el enfoque centrado en la persona,[2] existen tres señales humanas: la palabra, el símbolo y la actitud de vida. La palabra es el elemento importante para la comunicación y el lenguaje oral posee una gran riqueza. Es necesario que para una buena comunicación la codificación sea común. El símbolo es parte de la comunicación no verbal, pero es de igual importancia, aunque se dice que hablamos más con lo que actuamos que con lo que sale de nuestra boca.

La actitud de vida es la parte más profunda en este proceso de comunicación; es cuando el lenguaje verbal o simbólico pierde la fuerza, o más bien adquieren otro significado. Es el nivel de congruencia, o testimonio.

Carl Rogers se refiere a la congruencia como la genuinidad o autenticidad que debe tener una persona entre lo que dice y lo que hace.

En el proyecto de María del Refugio se habla sobre el testimonio; dice que es urgente que el docente sea congruente entre sus enseñanzas y sus acciones.

La oración

La palabra de la que hablamos hace unos momentos es fundamental en las relaciones interpersonales. Es el medio para expresar nuestra forma de pensar y de sentir. Es por la palabra que llegamos a conocer a otros.

Pues si esto es verdad, la oración es la forma de comunicarnos con Dios; es el diálogo con el Papá, con el amigo, con el esposo… orar es hablar con quien sabemos que nos ama. De aquí que, si no oramos entonces no podemos expresarle a Dios lo mucho que le amamos, que lo necesitamos. Si la oración es “un impulso del corazón” ¿deberíamos estar siempre orando?

Se dice de María del Refugio que se le encontraba varias horas frente al Santísimo, orando, pidiendo a Dios por sus hijas y por la obra encomendada.[3]

Hagamos una distinción entre ORAR y REZAR. Rezar es expresarse mediante fórmulas ya establecidas algunas oraciones. Por ejemplo se ora con la liturgia de las horas, pero se recitan los Salmos. Se reza el Santo Rosario, pero se ora con él.

Cuando la oración se convierte en un hábito arraigado en nosotros nos convertimos en personas orantes. La oración es nuestro alimento, nuestra fuerza.

Existen diversas formas de orar:

Oración vocal, mental. Oración contemplativa, de alabanza, de adoración, petición. Oramos con la liturgia de las Horas que es la Oración de la Iglesia. Pero sobre todo oramos en la Eucaristía.

En la celebración eucarística nuestra actitud debe ser orante es hacer la presencia de Dios en nuestra vida. Nosotros, eucarísticos mercedarios debemos permanecer en continua oración. Desde que nos levantamos, elevar nuestro pensamiento y gratitud a Dios por lo que nos ha dado; por el amanecer, porque estamos vivos, porque tenemos la capacidad de amar, porque somos felices, por… tantos motivos.

 

Que descubramos que en el centro de todas las ciencias está Dios.

Esta verdad es fundamental en el proyecto de vida de la Congregación y de los Colegios eucarísticos mercedarios. Desde el prospecto educativo de María del Refugio en 1910 se propone a los primero alumnos la teocentricidad.

Si Dios está en el centro de todo lo que somos, hacemos, pensamos; si es por Él, con Él y en Él entonces nuestras actitudes se convierten en eucarísticas.

En nuestro quehacer educativo se oye con frecuencia:

  • “Que la religión la den las madres” “Que las hermanas les hablen de Dios” “A mí no me alcanza el tiempo” “a mí no me toca hacerlo” “Yo no sé y ni me gusta” etc.
  • ¿Es tan difícil decir: “Alabado sea el Santísimo Sacramento del altar” y con esto hacer presencia de Dios? ¿Es tan difícil terminar la clase con una expresión y oración tan hermosa como “Que Dios te bendiga”?

Dios es el Creador de todas las cosas, en Él nos movemos y somos. Por lo tanto no podemos hablar de ciencia si no está presente.

  • Si estamos en clase de español: cuando se trata de elegir libros de lectura, podríamos leer la Biblia; si estamos en composiciones literarias, podrían hacer una oración o un salmo.
  • Si estamos en matemáticas podemos hablar de los números simbólicos en la Escritura…
  • Si estamos en danza, los rituales religiosos en las danzas autóctonas
  • Si estamos en informática ¿quién le da inteligencia al hombre para llegar hasta este momento de nuestra vida tecnológica?

Sólo es cuestión de creatividad. Si estoy enamorado de Dios, debe salir de mi interior el querer hablar de Él y hacer que otros también se enamoren.

Que seamos diligentes y vigilantes en el cuidado de los niños y jóvenes

Dice María del Refugio: “Deben ejercer una vigilancia continua y absoluta sobre ellas, convenciendo, persuadiendo y previniendo más bien que castigando las faltas, con la mayor suavidad y eficacia.

Insistía a sus religiosas que debían participar con las niñas en sus recreos, en sus pláticas y en sus juegos. Les prohibía rezar en esos momentos porque debían estar atentas. Y una expresión que nos permite ver la gran importancia que daba a este aspecto es cuando dice: Si el Santísimo está expuesto y el altar se está quemando y hay dos niñas solas: dejen al Santísimo y vayan con las niñas, no sea que por descuido pierdan la inocencia”.[4]

Palabras que nos invitan a reflexionar en varios puntos.

Participar en sus pláticas: escuchando con atención, pero con sabiduría para orientar

Participar en sus juegos: hacernos cercanos a ellos, disfrutando de su compañía, de su inocencia y dinamismo.

Ser diligentes quiere decir tener la capacidad de estar atentos y disponibles. Puedo estar en el receso tomando un refrigerio, pero atento a lo que sucede a mi alrededor.

Cuando nosotros convivimos con nuestros educandos ganamos su confianza, su respeto y de esta forma nos volvemos cercanos para persuadirlos y convencerlos. Esta es una forma en que podemos prevenir las faltas.

En 1936 María del Refugio escribió a una religiosa reprendiendo su actitud y le dice: “a las niñas no se les trata así, se las gana y ya ganadas se hace con ellas lo que quiera…” Esto se logra con la cercanía.

Finalmente dice Xabier Pikaza en 1994 que “Los cimientos de una disciplina preventiva son: acoger, amar y sembrar”[5]

Que fomentemos en nuestra comunidad educativa el espíritu de comunión, libertad, esfuerzo y sacrificio

La Comunidad educativa se vuelve en una fuerza de cambio extraordinaria, siempre y cuando exista sinergia entre sus estamentos.

Cuando todos estamos convencidos de un mismo ideal y unimos nuestras energías en alcanzarlo podemos transformar instituciones, sociedad, pero sobre todo: vidas.

La comunión se refiere a la “Común unión” que debe existir entre todos. Aspecto difícil de tratar y sobre todo de vivir.

En ocasiones como esta se disfruta de la Comunión, pues todos venimos por propia voluntad y con deseos de compartir; pero en el día a día se nos van diluyendo los ideales y nos vamos perdiendo en los intereses personales, olvidándonos de nuestros educandos.

La espiritualidad de la Comunión expresa, una vez más, que Dios es el centro de nuestra vida y en torno a Él nos unimos como hermanos.

La libertad es don precioso que Dios da a los hombres, Viktor Frankl  dice que “el hombre religioso es quien tiene la convicción de que ha sido creado libre y esta misma libertad o albedrío es lo que le permite aceptar o rechazar situaciones que le convienen o no”.

Necesitamos reconocernos como personas libres y como formadores de libertad, por ello es necesario descubrir en nosotros mismos aquellas cosas que nos atan. Una vez que seamos liberados entonces podemos colaborar en la liberación de otros.

Dice Freire que “la libertad es el resultado de varias actitudes y que si el amor no genera actos de libertad entonces no es amor”[ii] Por lo tanto nuestro  proceder debe ser por amor, fundamentado en él, y finalmente para eso fuimos creados, no para educar, o administrar, limpiar o programar, sino para AMAR.

El esfuerzo y el sacrificio van de la mano. Todo lo que hacemos, desde levantarnos temprano, preparar alimentos, tender camas, desplazarnos al trabajo, atender a los educandos, asumir las labores, cumplir con lo administrativo, etc. Todo ello implica un esfuerzo grande por parte de cada uno de nosotros, pero también implica sacrificio.

De nosotros depende si pasamos la vida haciendo lo mismo sin sentido; o bien si le damos un sentido a lo que hacemos: ofreciéndolo a Dios como un acto de amor continuo. Esto nos ayudará a alcanzar la santificación y seremos eficaces medios para ayudar a otros a alcanzar la santidad.

Finalmente, nuestros colegios son de calidad si quienes los conformamos somos personas de calidad. No solo las estructuras, las innovaciones tecnológicas o científicas; sino la calidad humana de quienes intervenimos de una forma u otra en la educación de nuestros niños y jóvenes.

[1] MRA Circular del 10 de marzo 1931

[2] González, 1987. P 108

[3] María del Refugio, Madre, Esposa y religiosa P. 315

[4] María del Refugio, Madre, Esposa y Religiosa. P. 333

[5] María del Refugio Aguilar, vida y mensaje.

[i] Constituciones Hermanas Mercedarias del Santísimo Sacramento. 2010

[ii] Araujo Freire 2004

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HERENCIA CARISMÁTICA A TRAVÉS DE NUESTRAS SUPERIORAS GENERALES

 

Silvina Álvarez López HMSS

 




INTRODUCCIÓN


Es de suma importancia, para valorar la riqueza carismática que hemos recibido como Herencia nosotras Hermanas Mercedarias del Santísimo Sacramento; que recorramos nuestra historia desde sus orígenes, para descubrir el paso de Dios por nuestro Instituto. Y no sólo descubrir el paso, sino su Presencia Inefable permanente entre nosotros en su Misterio Eucarístico, Gracias al Don, al regalo del Carisma Eucarístico Mercedario que recibiera NVM Fundadora María del Refugio y de su respuesta y fidelidad al mismo, hoy gozamos de esta riqueza.

 

 

 Pero también merecen un especial reconocimiento nuestras Madres Superioras Generales que al ser (miradas) por la mirada creadora de Dios, para encomendarles su Obra han aportado la riqueza carismática, que han heredado y los dones con que han sido enriquecidas por el Espíritu Santo. Así mismo han sido celosas guardianas y con amor han puesto al servicio del Reino el Carisma original, y éste se ha enriquecido y renovado en su expresión inculturándose o encarnándose para responder a los signos de los tiempos.

 

Así que se hace necesario recurrir a nuestro origen fundante y éste, siempre lo vamos a encontrar, en el Padre creador que despliega su amor infinito y misericordioso, en la obra maravillosa de la creación, por su Palabra; la Liberación por la Presencia de su Espíritu; la Redención por su Hijo Jesucristo; y continúa su obra salvadora por aquellos en quienes pone su mirada creadora. Ya lo dice el profeta Isaías: “En ese pondré mis ojos en el humilde y el abatido que se estremece ante mis palabras” (Is.66.2),

 

LA MIRADA CONTEMPLATIVA DEL PADRE.

 En esta pequeña obra sólo consideraremos la mirada contemplativa del Padre, que al término de cada día se complacía en “ver” que todo lo que salía de su Palabra era bueno. Todo lo que la mirada de Dios envuelve lo transforma:

 

Vio el caos y lo transforma en una bella creación.

Cuando vio a su pueblo elegido, esclavo en Egipto: lo libera

María de Nazaret es mirada, por el Señor y la transforma en Madre de su Hijo. También Jesús al elegir a sus discípulos: Vio a dos hermanos; Pedro y Andrés el relato del llamado continúa… porque también vio a Leví, y lo transforma en Mateo. Vio a María del Refugio y la convierte en:

UNA HISTORIA DE AMOR

Así es como la mirada de Dios se convierte en Historia de Amor en nuestra Madre Fundadora. Este es el origen divino—humano de nuestra historia carismática, envuelta en la mirada contemplativa del Padre creador, que es rico en misericordia.

 

 

Nuestra Madre Fundadora María del Refugio

CON LA MIRADA EN EL SAGRARIO

 

Así viviste inmersa en el Misterio,

Donde cada día eras transformada,

Mientras lo mirabas eras mirada,

Por Jesús Eucaristía desde el sagrario.

 

Ahí se incendió tu corazón del Fuego,

Aquel, que ya nadie podrá apagar,

porque fuiste por su Amor transformada en Llama,

que arde ante el Sacramento del Altar.

 

Unida a Jesús Eucaristía,

donde cada día eras transformada,

Mientras lo mirabas, eras mirada,

por Jesús Eucaristía desde el Sagrario.

 

Ahí se incendió tu corazón de aquel Fuego,

y en la Llama de amor fuiste abrasada, 

y a su Hoguera quedaste consumada

Para tu Esposo Eucarístico engalanada.

 

En la Hoguera del Amor de los amores,

han sido ocho las Llamas que han prendido,

y al calor de este Fuego de amor

se han consumido,

irradiando las virtudes sus fulgores.

 

 

LA HISTORIA DE AMOR SE HACE EUCARISTÍA

 

María del Refugio fue envuelta por la mirada transformante de Jesús Eucaristía y la convierte en su fiel adoradora. Ella supo discernir, en los distintos acontecimientos y etapas de su vida que esta historia de Amor, era como un gran Fuego, que había encendido su existencia y no admitía alternativa. Debía encender a otros a otras personas. Pues el deseo de Jesús era que siguiera ardiendo.

 

Aquí donde radica la originalidad y creatividad de María del Refugio. El cómo encender y llevar este Fuego, a pesar de los obstáculos y contradicciones, es más, aún en medio de persecuciones.

 

El fuego, traído a la tierra por Jesús, para ella se convirtió en un imperativo y por lo tanto éste será el fin del Instituto. Extender por todo el mundo el Reinado

 

LA MIRADA DE JESÚS TRANSFORMÓ TU VIDA

 

“La mirada de Jesús transformó tu historia y así te has convertido en Maestra del Espíritu, porque eres para el mundo fiel testigo. Y, todo tu ser así abrasado por la Llama de Amor que te ha encendido. Ya tu vida no te pertenece, es del Reino de Jesús Eucaristía, ante su presencia tu ser de ternura se estremece.

 

Bajo esta Luz radiante discerniste, lo que el querer del Padre te pedía y en sus manos amorosas te pusiste, “Hágase tu voluntad Señor y no la mía”.

 

Fuiste paso a paso, adentrándote en el misterio, de una vida consagrada a su servicio, las etapas que viviste te exigieron un amor desbordante y el sacrificio de ser trigo, que muere y es triturado para poder dar vida siendo pan sabroso que se parte y comprendiste que era tu principal oficio.

 

Tu vida la fuiste compartiendo, pero no en pedazos, sino en cada obra la diste toda entera y por ello has recibido del Esposo, la corona merecida de la gloria.

 

Así comenzó una historia de Amor, que no termina porque es eterno, no está sometido ni al tiempo, ni al espacio, ni al querer humano, porque el Amor, viene de Dios y siempre es nuevo.

 

 

 

Nuestra Madre María Teresa Cancino Aguilar

 

CON LA MIRADA EN LO ALTO.

 

Con mirada de Fe, puesta en lo alto,

Fuiste educada para ver el cielo,

Allá se dirigían tus miradas,

Ser Hostia pura fue tu anhelo,

Y tu cielo lo viviste desde este suelo.

 

Mis Mechitas enciendan corazones,

El Reino Eucarístico nos apremia.

“Vayan por todo el mundo” Cristo dijo:

Es urgente, que abramos las Misiones.

 

Nada te detuvo en esta empresa,

Caminaste como María entre montañas

con la Misión soñabas cada noche

Y lo hacías realidad cada mañana


Nuestra Madre María Olivares

CON LA MIRADA EN EL INFINITO

 

Escuchaste de viva voz sabios consejos que

Nuestra Madre María del Refugio te hacía.

Se grabó en tu corazón el fuego que en su corazón ardía.,

El amor profundo a la Sagrada Eucaristía.

 

El amor a María fue para ella, el impulso,

que la sostuvo en las grandes penas que no faltarían

pero en su mente estaban vivos los recuerdos, de Nuestra

Madre fundadora, que, por mantener la Obra, ante nada

se rendía.

 

El Señor mira desde el cielo se fija en todos los hombres.

El modeló cada corazón y corazón y comprende todas sus acciones. (Salmo 32,12-15)

 

 

 

Nuestra Madre Ernestina Preciado

CON LA MIRADA EN EL HORIZONTE


 

Con la mirada en el Horizonte ya veías,

La urgencia de estar bien preparadas,

Para poder demostrar la fe con obras que hablaran

Bien de las personas consagradas.

 

Que estudien las hermanas fue tu consigna,

además de ser Eucarísticas Mercedarias,

han de ser las que lleven el mensaje del amor

de Jesús Eucarístico, para poder ser fieles al Carisma.

..

Te instruiré, te señalaré el camino que debes seguir,

te aconsejaré con mis ojos puestos en ti.” (Salmo 31,8)

 

 

Los ojos del Señor están puestos en sus fieles, que confían en su misericordia. (Salmo 32,18)

 

Para la historia de la Congregación, es muy significativo, que sus raíces carismáticas, estuvieran bien fundamentadas, por la experiencia original de María del Refugio y la cercanía de NM María Teresa como su hija … Ella que estuvo a su lado e hizo suyos los anhelos e ideales, ha compartido con ella los momentos de prosperidad de la Obra, así como las adversidades sufridas por seguir firmes y decididas con el Apostolado Eucarístico, en este momento en que se responsabiliza del Instituto (1937-1949), no desea otra cosa sino llevarlos a cabo.

 

La preciosa y valiosa Herencia Carismática que recibe y que ella ha experimentado es: Un amor ardiente a Jesús Sacramentado. Un amor filial a María nuestra Madre, y el celo apostólico de Nuestra Madre Fundadora por la salvación de todos. Además, su impulso misionero que ella despliega a favor de los más pobres y necesitados espiritual y materialmente., hace de ella un modelo misionero a seguir.

 

Son incontables los testimonios de hermanas y personas que fueron favorecidas con la acción misionera de la Congregación, que impulsó N.M María Teresa y que, en este momento histórico, algunas de ellas permanecen dando vida. Evangelizando con María a la Luz de la Eucaristía.

 

Al abrirse al campo de la Misión, está tocando la raíz evangelizadora de la Congregación, pero aún va más allá, a la identidad Misionera de la Iglesia y con esta acción hace suyo el mandato misionero de Jesús: “Vayan por todo el mundo y prediquen el evangelio a toda creatura” (Mt.28,18-20)

 

 

 

Nuestra Madre María Guadalupe Suárez López Negrete

CON LA MIRADA EN LAS FUENTES

 


 

Volver a las Fuentes fue la voz del Concilio,

que resonaron fuertemente en la Vida Consagrada,

y tu voz se escuchó muy firme y suave;

 Hermanas la Iglesia nos quiere renovadas.

 

La obediencia a esta voz venida de arriba,

se reflejó en tu vida tan sencilla,

pues con fe pusiste en sus manos de Alfarero,

para que remodelara de nuevo la arcilla.

 

Y bajo el soplo del Espíritu, renacía la vida religiosa,

Con la que el Padre celestial había soñado,

un séquito de vírgenes prudentes

Que mantuvieran la lámpara encendida,

para esperar al Esposo tan amado.

 

“¡Oh Dios ¡escudo nuestro, mira, fíjate en el rostro de tu Ungido” (Salmo 83,10)

 

 

 

 

 

 

Nuestra Madre Guadalupe Aguilar Cancino

CON MIRADA CARISMÁTICA.

 

Una gran herencia has recibido y enriquecido grandemente, pues no solo llevas de nuestra Madre Fundadora el espíritu, sino que has bebido de la misma Fuente.

 

Volver a esa Fuente es tu anhelo, a la raíz misma del Evangelio día a día. Y a la Palabra hecha carne que nos alimenta a Jesucristo en la Sagrada Eucaristía.

 

Deseando de María del Refugio seguir las huellas y con celo ardiente, verla en los altares, promoviste su causa sin importar cansancios y pesares

 

 

 

DE LA ACCIÓN DE GRACIAS, POR EL 50 ANIVERSARIO DE VIDA RELIGIOSA.

En esta solemne acción de gracias expresa nuestra Madre Guadalupe Aguilar Cancino, su identidad carismática.

 

“Por eso Padre, quiero proclamar ahora y siempre que te amo, que siempre te quiero amar, y que quiero consumirme en el fuego de tu amor Eucarístico para convertirme en un canto de alabanza y gloria a la Trinidad Santísima.”

 

Te entrego, una vez más, en este día todo mi ser, ese ser que Tú tomaste para Ti aún antes de pronunciar tu nombre y que entregaste a María del Refugio y María Teresa para que ellas cultivaran en mi corazón los más tiernos sentimientos de amor hacia Ti.

 

Gracias María, “Mi dulce Madre”, a quién María del Refugio me enseñó a amar, porque según decía Ella, “Por las noches imprimía un beso en la frente de las niñas buenas”, beso que aún sigues imprimiendo en la frente de tus hijas e hijos, aunque muchas veces no lo merezcamos.

 

Gracias a mi Congregación que es mi Madre Terrena, la que me acogió en su seno, me cuidó, cultivó y alimentó con un amor exquisito y delicado; que me capacitó para descubrir el llamado de Dios a entregarle mi vida, la vida que EL, ya había tomado desde mi más tierna infancia; la que me enseñó a amar y me ha hecho comprender el valor de la entrega.

 

Gracias, Señor, por todas mis Hermanas, en las que siento que me regalas tu amor, tu bondad y tu ternura.

 

 

Nuestra Madre María de la Luz del Sagrado Corazón

 CON LA MIRADA EN LOS ORÍGENES


 

Allá se han dirigido tus miradas,

buscando en el origen de nuestra historia,

Aquel Fuego que encendió la Llama,

en el corazón de N.V.M. Fundadora.

 

Una gran inspiración fue la Propuesta.

Y tu mirada se dirigió a las hermanas

 Que formaran el Equipo, que estudiara

El Carisma, que es un Don original.

Pues a la Congregación nos interesa,

cómo surgió este dinamismo Carismático

al que María del Refugio dio respuesta.

 

Jesús Eucaristía; es la respuesta

que el Padre nos envía cada día.

Para poder llevar a cabo la misión,

de seguir Evangelizando

con María a la Luz de la Eucaristía.

 

Nuestra Madre María Luisa Mendoza Grande

CON MIRADA DE FE

 

Sólo con esta mirada se ve la voluntad de Dios,

Para poder servir a esta gran Obra de Amor.

Y continuar enriqueciendo el Carisma original

Que nos ha legado, nuestra Madre María

del Refugio Aguilar.

 

Pues estos tiempos nos exigen gran fe y fidelidad

para seguir extendiendo el reinado universal,

del Amor Eucarístico, en la escuela y en todo lugar

Por donde nos lleve el Espíritu y con María Evangelizar.

 

Llevando como consigna “Evangelizadas para Evangelizar.”

 

AÑO DE LA FE

Vivir el Año de la Fe, con espíritu vocacional

Fue la primera propuesta que nos hiciste 

como Superiora General,

Sé que fue inspiración, pues viste que el Instituto tiene

Una gran Misión, pero faltan vocaciones y con acertadas decisiones
sólo la fe puesta en Jesús Eucaristía, es la respuesta a esta realidad.

 

 

Silvina Álvarez López HMSS

Evangelizar con María a la luz de la Eucaristía

 

 

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María del Refugio nos habla


En este documento ofrecemos algunas frases de la Venerable Madre María del Refugio Aguilar y Torres, mismas que son un legado espiritual. Te invitamos a leerlas de manera pausada, subraya la que más te haya llamado la atención y cerrando tus ojos haz un momento de oración.



I LECTURA

  1. “A la sombra del sagrario nada nos faltará”
  2. “A nuestro Señor no le gustan los corazones partidos hay que dárselo todo entero”.
  3. A una Hermana decía: “Dígame qué grupo de niñas tiene a su cargo. Vea que son almitas que Ud. Tiene en sus manos y que de ellas tiene Ud. Que dar cuenta a Nuestro Señor”.
  4. “Al venir Jesús a mi pecho de tu amor lo encuentres lleno”
  5. “Con el fiel complimiento de los deberes diarios debemos de ganar el cielo”.
  6. “Confiemos siempre en Dios, en medio de las dificultades y problemas, sólo de Él nos vendrá la fuerza y el remedio”
  7. “Cuanta necesidad hay que los niños aprendan a amar y servir fielmente al Señor”
  8. “Debemos tener solamente lo necesario e indispensable para nuestro servicio, y no con lujo.”
  9. “Dios es el primero y el último a quien debemos de agradar. Hay que amarlo”
  10. “Dios las ha traído a su santa casa para que sean santas y grandes santas. Buenas hay muchas en el mundo deben hacerse santas.”
  11. “Dios nos escogió para su servicio, de Él podemos esperarlo todo, amemos a Jesús con todo nuestro corazón a costa de sacrificios y penurias”.
  12. “Dios sólo, lo demás es secundario”
  13. “El corazón de la religiosa debe estar limpio de todo rencor, orgullo y vanidad porque es la morada de Jesús “
  14. “El dolor no deforma, transforma”
  15. “El que lleva a Jesús en su corazón lleva un paraíso en la tierra”.
  16. “El único consuelo que tenemos en esta vida es que termina y luego gozaremos en la otra”.
  17. “¿Es la voluntad de Dios que quiere esto? Hay que aceptarlo.
  18. “Esforcémonos por progresar cada día en la perfección a la cual nos llama Dios”.
  19. “Grande tristeza me da “decía a una hermana” diciéndome que allí las niñas pagan poco. Hay que buscar almas y no dinero.”
  20. “Hagan todo por amor, nada por la fuerza sino por la fuerza del amor”
  21. “Han dejado ustedes patria para ir a salvar almas. Dios las ayudará y nada les faltará”
  22. “Hay que luchar y sufrir hasta vencer todas las tempestades que nos levanta el demonio o las creaturas”
  23. “Hay que poner toda nuestra confianza en Dios y seguir adelante sin arredrarnos ante las dificultades”
  24. “Hermanas, demos continuas gracias a Dios. De Él nos viene todo lo bueno que podemos hacer”.
  25. “Hijas mías con espíritu sereno y en unión con Dios debemos soportar diariamente lo que él nos envía para nuestra santificación”.
  26. “Hijas mías no terminen nunca una clase para niñas, por árida que sea, sin hablarles antes de Nuestro Señor y de la Bondad de su corazón”.
  27. “Hijas mías no vinieron a ser buenas sino santas
  28. “Hijas mías todo lo que hagamos es poco para agradecer a Nuestro Buen Jesús el haber querido quedarse con nosotros hasta la consumación de los siglos “
  29. “Hijas mías, la oración sea siempre el arma contra el demonio”
  30. “Hijas mías, por amor a la santa pobreza, deben cuidar las escobas, libros y cuanto tengan para uso y servicio”.
  31. “Hijas mías, vivan siempre en la presencia de Dios trabajen y oren”.
  32. “Hijas mías: esforcémonos por progresar cada día en la perfección a la cual nos llama Dios”
  33. “Hijas mías: procuren no sólo instruir su inteligencia sino muy especialmente llenar de hermosas flores su corazón”
  34. “Hijas: vivid siempre en la presencia de Dios”
  35. “Jesús Sacramentado se siempre el encanto de nuestros corazones.”
  36. “La santa Misa es el sacrificio supremo y no debemos distraernos cuando asistamos a él”.
  37. “Las austeridades de la vida religiosa, hay que sobrellevarlas, por amor a Dios y servirle con fidelidad”.
  38. “Leyendo noticias del mundo se divaga el espíritu y le negamos a nuestro Señor el servicio y el amor que prometimos”.
  39. “Muchas almas no conocen a Dios, la juventud se pierde… hijas oren mucho por ellas”
  40. “No hay obra más bella ni más meritoria a los ojos de Dios, que la que se consagra en la formación de la niñez”. 
  41. “No temo que ustedes me cierren los oratorios como dicen, porque el oratorio que llevo en mi corazón, ese sí que no lo podrán cerrar”.
  42. “Nos basta saber que sólo por Dios trabajamos y nos sacrificamos”
  43. “Nunca cometáis algo que os avergüence ante Dios y ante vuestros padres”
  44. ¡Oh Jesús uníos a mí del modo más firme e íntimo y bendecid los votos que me ligan a vos para siempre”
  45. “Por medio de la educación en nuestros colegios se propagará el amor a Jesús Sacramentado y a la Virgen María.”
  46. “Por nosotras mismas todo perderíamos, pero gracias a la Pasión y Muerte de nuestro Señor Jesucristo llegaremos al cielo”.
  47. Que nuestra vida se consuma al pie de tu Sagrario”.
  48. “Qué triste sería nuestra vida si no tuviéramos la esperanza de la vida futura y gozar de Dios eternamente”.
  49. “Quien da algo a los pobres es como si se podará y después da mejores flores y frutos”
  50. “Sé por la fe que Jesús está realmente presente en la sagrada Eucaristía y yo lo creo y lo adoro”
  51. “Señor te entrego la comunidad que tú me confiaste, es obra tuya; ha sido fundada para darte gracias”.
  52. “Señor yo toda tuya, tu todo mío, eternamente tuya, eternamente mío”
  53. “Si hemos logrado imprimir siquiera un buen sentimiento en el corazón de los niños daremos por bien empleado nuestros afanes”
  54. “Sigamos adelante llevando nuestra cruz, pues todo lo que hagamos en la casa del Señor hasta levantar un alfiler, tendrá una grande recompensa en la otra vida”
  55. Sólo a Dios toca juzgar, a nosotras no, pues no sabemos las intenciones con que haya obrado aquella persona”.
  56. “Somos soldados de Cristo, seremos vencidos si cesamos de pelear”.
  57. “Soporten siempre con buen ánimo y hasta con alegría las contrariedades de la vida”
  58. “Su mirada deben siempre de llevarla al cielo y no al suelo”.
  59. “Todo lo que se hace por dar gusto a Dios y en su divina presencia tiene que salir bien”.
  60. “Todo sufrimiento que se pasa en esta vida, resignándose con la voluntad de Dios, tendrá su recompensa”.
  61. “Ven a mi Jesús dame paciencia y en la contrariedad dame prudencia”.
  62. “Ven a mi Jesús quiero decirte que a cada instante anhelo recibirte”.
  63. “Vuestro amor a Dios debe ser un constante Sí a la voluntad Divina”
  64. “Yo siempre pido al Señor que mis hijas sean fieles a Él y tengan entre ellas caridad y amor.”

II.-  REFLEXIÓN

Después de haber orado un momento te invitamos a que reflexiones la calidad de ejemplo que das a las personas con las que convives. Reconocemos que María del Refugio es modelo de mujer, hija, esposa y religiosa.

Lectura: El ministerio de la edificación fraterna.

 “Es imposible comprender la comunidad religiosa si no se parte del hecho, de que es un don de lo alto, de que es un misterio, de que hunde sus raíces  en el corazón mismo de la Trinidad santa y santificadora, que quiere que forme parte del misterio de la Iglesia para la vida del mundo”.(3)

La fraternidad se construye con el esfuerzo de todos, es preciso hacerse responsable de este servicio o ministerio pues como dice San Pablo, “estamos edificados sobre los cimientos de los apóstoles y profetas, y el mismo Cristo Jesús es la piedra angular… y en quien también vosotros sois edificados conjuntamente para ser, por medio del Espíritu, morada de Dios” (Ef 2, 20-22). Por eso “confortaos mutuamente, edificándoos unos a otros” (I Tes 5,11).

María del Refugio acogió comprometidamente el don del carisma como encuentro con el Padre rico en misericordia, encuentro con Jesús Eucaristía revelación del amor del Padre en la historia y con docilidad y escucha fue descubriendo la inspiración del Espíritu Santo que la guio en el inicio de establecer la gran comunidad que hoy se denomina eucarística mercedaria y le iluminó cómo realizar el ministerio de edificarla. La manera de hacerlo fue escuela para sus primeras seguidoras y principios generales para los miembros actuales y futuros de su familia.

 “Como familia que es, en la Comunidad de María del Refugio hay un orden y un respeto que guardar, establecido en sus reglas y horarios, así como en el trato cordial y educado indispensable para la convivencia filial y fraterna. Cuando escribe a las hermanas, las exhorta a ser comprensivas y tolerantes… la bondad, la urbanidad, la paciencia, la humildad, son elementos que deben existir para que las relaciones en toda familia sean constructivas y fraternas. Pero sobre estos, el amor y el perdón… La auténtica relación fraterna es armonía entre los miembros y ésta se manifiesta en alegría. Por eso la señalaba como distintivo de la Comunidad y repite insistentemente parafraseando a Santa Teresa: tristeza y melancolía no la quiero en casa mía… Los momentos de recreo son también ocasiones para formar a las hermanas”. (4)

Se preocupó por cada hermana y lo expresó con detalles, tejió prendas para que se abrigaran en el invierno; les hizo alegre la vida y aún en época de persecución religiosa no dejó de celebrar las posadas con alegría. En medio de preocupaciones y falta de sueño mientras la comunidad dormía ella pasaba las noches haciendo el pan que habían de comer sus hijas al día siguiente. Estuvo en constante comunicación epistolar con las hermanas que habían tenido que dejar la patria y se encontraban en el extranjero, estuvo atenta a todos los detalles necesarios para que no se rompiera la fraternidad.  Enemiga de enredos y buscadora de la verdad, vivió y pidió integridad en cada una de las hermanas y así logró la vivencia de la libertad y la unidad en la congregación. (5)Exhortó a la unión y caridad fraterna. Cuando salía de la casa central por primera vez a hacer la visita canónica de Popotla les dejó a las hermanas un mensaje en una postal de la Virgen de Guadalupe: “El día que quebranten mi mandamiento de amarse todas como miembros de un mismo cuerpo, entonces no serán dignas de que la Virgen os tenga como hijas” (5)

Amedeo Cencini en su texto La vida fraterna, propone acciones para el ejercicio del ministerio de la edificación fraterna. Parte de las acciones que él sugiere, las retomamos como maneras que en el presente, en las comunidades eucarísticas mercedarias pueden ponerse en práctica porque se relacionan con los principios que el Espíritu iluminó y María del Refugio Aguilar y Torres estableció para construir la comunidad fraterna.

 

  1. Dar gracias

Dar gracias a Dios por la comunidad que me da, porque ella es el lugar teológico donde se da la santificación. Es el lugar donde el Padre sigue plasmando en cada hermana la imagen y los sentimientos de su Hijo que capacitan para vivir la misericordia y así mostrarles su Rostro a los hermanos.

 

  1. Bendecir a la comunidad

Bendecir a la comunidad es amarla con el amor con que Dios nos ama, así edificaremos sobre roca firme. Amar solamente con amor instintivo y terreno es edificar sobre arena; en cuanto venga un poco de viento y lluvia (antipatías, envidias, celos) se esfumará todo rastro de fraternidad que se expresa en atenciones y diálogo.

Bendecir a la comunidad, es hablar bien de ella, de nuestras hermanas, tanto dentro como fuera. Cuando hay críticas destructivas, círculos cerrados, donde se pierde la confianza por falta de sinceridad, al no decir las cosas de frente cuando algo no marcha bien o cuando la corrección fraterna no es con caridad, donde no hay sencillez y perdón, la bendición se aleja y es imposible que allí esté el bien de su presencia.

La oración es la clave con la que la comunidad es bendecida. Se debe orar por la comunidad. Sostener, alentar, dar confianza, acompañar a las hermanas enfermas, ancianas y a las necesitadas, todas estar al pendiente de todas, eso es fraternidad, mostrarles el amor que Dios les tiene.

Exhortar a la comunidad

Nunca se debe dejar de exhortar a la comunidad porque diariamente está expuesta a la precariedad, y hay que estimar y valorar hasta qué punto, cuándo, dónde y cómo debe ser la exhortación. No dejar que crezcan los problemas y malentendidos que lleven a descuidar el tesoro que Dios da para cuidar y crecer como hijos y hermanos suyos.

La corrección fraterna es uno de los medios con que se exhorta a la comunidad si se practica se crecerá en el amor y se buscará el bien de todos.

 
El paso de Dios en nuestra vida fraterna

María del Refugio dio al mundo el mensaje de fraternidad, por medio de una vida eucarística, de entrega, de donación de la vida por los demás, sobre todo por los más necesitados, los que carecen de libertad. Sólo la comunión con Cristo y la contemplación del Misterio Eucarístico pueden transformar el corazón del hombre oprimido por el pecado y hacerlo capaz de vivir el Amor, que es paciente, servicial, comprensivo, que busca el bien de los otros, que no busca su propio interés (1 Cor 13:4-8), en una palabra que practica el amor oblativo, el que se da sin esperar nada.

María del Refugio desplegó su vida Trinitaria Eucarística en la vivencia de la fraternidad; abrió espacios para la experiencia de comunión universal.  El carisma recibido la impulsó a traspasar fronteras buscando la unidad en la diversidad; en el diálogo constante a través de cartas, pidió siempre transparencia en la vida de las hermanas, unidad, donación y la práctica del único mandamiento que nos dio Jesucristo: amarnos como Él nos amó y tener como centro de todas las cosas el amor al Santísimo Sacramento.

 

La visión universal de fraternidad no le eximió de las exigencias de lo cotidiano y, por lo tanto, la llevó a cabo dentro del núcleo comunitario, de donde nace la fuerza para ir hacia los demás.

“Su mensaje para nosotras sus hijas es muy claro: “ser constructoras de fraternidad; mediadoras de comunión entre Dios y los seres humanos, como Jesús en el Misterio Eucarístico”. (6)

El vínculo fuerte que nos une a todas como hermanas es Cristo. Por ello, a pesar de nuestras fragilidades humanas, estamos llamadas a esforzarnos por hacer de nuestras comunidades familia que viva el amor, para construir en ella auténtica fraternidad. Así lo señalan nuestras Constituciones: “Como fruto de nuestra espiritualidad, nos respetamos unas a otras, tratándonos con educación, sencillez y espíritu fraterno” (Const. Art 62). Este mandato también invita a la práctica de la humildad y la reconciliación, virtudes sin las cuales es imposible vivir la caridad y la fraternidad.

Impulsadas por las palabras de Cristo: “Si al ir a presentar tu ofrenda ante el altar, recuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda”. (Mt 5, 23-24) y las palabras de nuestra madre fundadora “No llegan a una casa de ángeles, así que todo lo que les parezca mal en sus hermanas, perdónenlas y no las juzguen, todos tenemos miserias humanas” (AGHMSS: Testimonio de Elvira Herrera, citado en el libro Servir al Estilo de Cristo G.H. Foulkes), tengamos presente que el servicio a Dios pierde su valor, si no es sostenido por el amor y la unidad fraterna. 

¿De dónde le venía a María del Refugio la capacidad para establecer vínculos consistentes con quienes se relacionaba y la compasión de acoger a las personas que necesitaban ayuda descubriendo en ellas el latir del corazón del Padre? Las fuentes nos dicen que pasaba horas ante el Jesús Sacramentado, por ello de su experiencia eucarística se puede deducir su capacidad de comunión. La Eucaristía es la razón, el sentido de su vida; los gestos realizados por Jesús en la cena celebrada y conmemorada, deben llevar a “sentir la unidad entre sí y con Dios”. Vivir de manera eucarística implica compartir la vida, en favor de los hermanos y hermanas, no esperando recibir nada, más que el gozo de saberse fieles a la voluntad de Dios, que se alegra de ver a sus hijas conviviendo como tales.

En la circular que el 10 de marzo de 1931, María del Refugio dirigió a las hermanas les manifestó: Nuestro Señor Sacramentado sea siempre nuestro camino y nuestra vida y la Virgen Santísima Madre nuestra, nos alcance esta merced y bendiga nuestro amadísimo apostolado. Con estas y otras palabras en diversos momentos señaló la devoción a María, en la advocación de la Merced, que para ella era Madre, abogada y protectora. Aprendió a adorar, alabar, dar gracias y pedir perdón y favores como elementos de su oración y lo indicó como parte del apostolado o misión al darle tres rasgos: oración, enseñanza y sacrificio.

La misericordia fue clara manifestación de su vida trinitaria y eucarística, que plasmó en la fraternidad, haciendo eco de las palabras: “poned el mayor empeño en añadir a vuestra fe, la virtud, a la virtud el conocimiento, al conocimiento la templanza, a la templanza la tenacidad, a la tenacidad la piedad, a la piedad el amor fraterno, al amor fraterno la caridad universal”. (2Pe 1,5-7)

Sus hijas estamos llamadas a experimentar el gozo de una vida comunitaria y fraterna que crece y se sostiene a la luz de la Palabra, de la celebración eucarística y de la adoración a Jesús Sacramentado.

Desde Jesús resucitado presente en la Eucaristía, podemos proclamar con certeza la fidelidad de Dios quien en Jesús y por la acción del Espíritu ilumina el horizonte humano-divino de la fraternidad, edificada en la comunión trinitaria que hace pasar de la división a la unidad, de la indiferencia a la solidaridad, del egoísmo a la generosidad, del yo al nosotros, de la evasión a la misión,

El paso de Dios en nuestra vida fraterna se da al interiorizar el carisma y espiritualidad que recibimos del Padre mediante el don que dio a María del Refugio y que nos capacita para abrirnos hacia relaciones que sean signos del amor trinitario, así nuestra Congregación continuará sirviendo a la sociedad actual en el contexto donde está inmersa y a la Iglesia si somos verdaderamente Eucarísticas Mercedarias.

III CONCLUSIÓN

¿A qué te invita esta reflexión?


Evangelizar con María a la luz de la Eucaristía

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VJE

 

María del Refugio Aguilar y Torres, mujer resiliente.

En la actualidad es común hablar de resiliencia, y este término nos lleva a la esperanza y a la transformación; de acuerdo a Simpson (2014) la resiliencia es la capacidad que permite a la persona superar las situaciones adversas y lograr una transformación positiva de la situación. Esta primera parte de la definición permite ver dos aspectos, el primero es la situación adversa y el segundo es la situación deseada. La segunda parte de la definición se refiere al proceso dinámico que el sujeto debe seguir en relación al medio en que se desarrolla; es decir que este proceso lo realiza la persona, pero en colaboración con agentes internos y externos.

Por otro lado, Barcelata (2015), en un estudio coordinado con la UNAM, ofrece una definición sumamente sencilla y dice que es “un proceso de adaptación ante la presencia del estrés y riesgo significativo” (p. 5). Considerando entonces que la persona debe ejercitarse en adaptarse continuamente tanto a los agentes externos como a los internos; sobre todo si se habla de adolescentes quienes están en continuo cambio.

Reyzábal y Sanz dicen que es la habilidad que tiene la persona para resurgir de la adversidad, para adaptarse, recuperarse y acceder a una vida significativa y productiva (p. 37). Debe comprenderse que la resiliencia depende de factores internos y externos que favorecen o no la respuesta de la persona. Son factores internos las características de la persona, tales como el poseer sentido del humor, la flexibilidad, ser autónomo e independiente entre otros. Los factores ambientales son aquellas características que pertenecen a la dimensión social, es decir a su familia, escuela y comunidades en general, estos grupos propician estímulos positivos como el apreciar las cualidades de la persona, mantener una comunicación positiva, expresar asertivamente sus expectativas de éxito, etc.

Se han definido los 7 pilares de la resiliencia de acuerdo a Wolin y Wolin (1993), (citados por Reyzábal y Sanz, 2014) éstos permiten a la persona darse cuenta de los elementos que posee en su interior, para hacer uso de ellos de manera que le ayude a superar las situaciones difíciles. Los pilares son: Introspección, independencia, relaciones, iniciativa, humor, creatividad y moralidad. Es conveniente que la persona reconozca cuánto posee de cada uno de estos pilares para que pueda hacer uso de ellos y convierta así una experiencia negativa en una fortaleza.

Simpson (2014), ofrece elementos para generar resiliencia: Conocimiento personal, conocimiento de los retos y las formas de enfrentarlos, autoconocimiento y autovaloración, pensamiento crítico, ubicación personal, tanto espacial como emocional, capacidad de contar con otros, interrelacionarse, capacidad optimista, sentido del humor, libertad interior que provoca felicidad, del autoconocimiento a la autotrascendencia, jugar, disfrutar, gozar, reír (Simpson, 2014), adaptación, mirar con simplicidad.

Es a partir de estos conceptos que se encuentra mucha relación entre los once elementos y la vida de María del Refugio Aguilar y Torres. La Venerable Sierva de Dios fundó el Instituto de Hermanas Mercedarias del Santísimo Sacramento en 1910, tiempo de la Revolución Mexicana, momentos de violencia política y civil; años más tarde surge la decena trágica, 1913, en donde atacan a la Iglesia católica, ante estos acontecimientos que ponían en riesgo la fundación naciente, María del Refugio mantiene la alegría “que hace llevaderas las penas y enfermedades” (Foulkes, 1997, p. 310). Esta actitud positiva le permitía mantener su sentido del humor; se mantiene fuerte y lo expresa en una carta a Monseñor Herrera y Piña diciendo que a ella no le amedrentaban asuntos con el gobierno civil y de cualquier manera se procedía a arreglarlos.

Hay muchos detalles a lo largo de su vida en que nos enseñó a vivir con optimismo, con alegría; mujer que supo adaptarse a los continuos cambios políticos, sociales, culturales y educativos. Supo enseñar a sus religiosas el valor de la libertad interior, aunque fuera en contraposición con lo que otros opinaran; se mantuvo fiel y firme en sus ideales. Puede decirse con certeza que María del Refugio vivió en continua resiliencia, es decir en continua transformación de una realidad que parecía ser sombría en un camino de santidad iluminado por la Eucaristía y la Merced.

Esta es parte de la herencia de la Sierva de Dios, nos invita con su ejemplo, a mantenernos con esa capacidad de transformar nuestra vida en historia de salvación, a ser agentes de transformación para otros, llevando esperanza, alegría y optimismo donde más lo necesitan.

 

Evangelizar con María a la luz de la Eucaristía

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VJE

EL PERDÓN

En nuestras Constituciones se nos habla del perdón como respuesta a un mandato evangélico:

Reconocemos que la vida fraterna es un desafío permanente para todas las hermanas y que en ella se dan desencuentros, dificultades en las relaciones interpersonales y otros hechos que rompen la comunión; nos comprometemos a ejercitar el mandato evangélico de perdonar las ofensas cuando las hubiere, lo que se logrará como fruto de la oración y de la caridad fraterna.

 

En el libro de Monseñor Francisco Ugarte Corcuera, “Del resentimiento al perdón” nos ayuda a reflexionar sobre este tema tan delicado.

 

Por qué perdonar

Por qué perdonar, si es tan difícil perdonar, al menos ciertas ofensas, ¿qué necesidad tenemos de hacerlo?; ¿vale la pena?, ¿qué beneficios trae consigo el perdón?; en definitiva, ¿por qué habremos de perdonar?

El primer motivo que probablemente vendrá a la mente es que, cuando perdonamos, nos liberamos de la esclavitud producida por el odio y el resentimiento, para recobrar la felicidad que había quedado bloqueada por esos sentimientos. Algo que ayudaría muchísimo es darme cuenta que sentir el resentimiento hacia otra persona, he depositado mi felicidad en las manos de esa persona. Le he conferido un poder muy real hacia mí. Volveré a ser libre cuando tome en mis manos la responsabilidad de mi propia felicidad.

Esto normalmente quiere decir que debo perdonar a la persona que resiento. Debo liberar a esa persona de la deuda real o imaginaria que me debe y debo liberarme a mí mismo del elevado precio del constante resentimiento.

También tiene mucho sentido perdonar en función de nuestras relaciones con los demás. Las diferencias con las personas que tratamos y queremos forman parte ordinaria de esas relaciones. Algunas veces, tales diferencias pueden convertirse en agravios, que duelen más cuando provienen de quienes más queremos: los padres, los hijos, el propio conyugue, los amigos o las amigas. Si existe la capacidad y disposición de perdonar, estas situaciones dolorosas se superan y se recobra el amor a la amistad. En cambio, sino se perdonan, el amor se enfría o, incluso, puede quedar convertido, en odio; y la amistad, con todo el valor que encierra, puede perderse para siempre.

Además de estos motivos humanos para perdonar, existen rezones que podríamos llamar sobrenaturales,porque derivan de nuestra relación con Dios. De ninguna manera se contraponen a las anteriores, sino que las refuerzan y complementan. Hay algunas situaciones extremas en las que los argumentos humanos resultan insuficientes para perdonar, y entonces, se hace necesario recurrir a este otro nivel trascendente para encontrar el apoyo que falta. ¿Cuáles son estas razones?

Dios nos ha hecho libres y, por tanto, capaces de amarle o de ofenderle mediante el pecado. Si optamos por ofenderle, Él nos puede perdonar si nos arrepentimos, pero para ella ha establecido una condición: que antes perdonemos nosotros al prójimo que nos haya agraviado. Así lo repetimos en la oración del padre nuestro:”Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden”. Podríamos preguntarnos porque Dios condiciona su perdón a que nosotros perdonemos y, aún más, nos exige que perdonemos a nuestros enemigos incondicionalmente, es decir, aunque éstos no quieran rectificar. Lógicamente Dios no pretende dificultarnos el camino y siempre quiere lo mejor para nosotros. Él desea profundamente perdonarnos, pero su perdón no puede penetrar en nosotros sino modificamos nuestras disposiciones. Al negarnos a perdonar a nuestros hermanos y hermanas, el corazón se cierra, se endurece y se lo hace impenetrable al amor misericordioso del Padre. Dios respeta nuestra libertad. Condiciona su intervención a nuestra libre apertura para recibir su ayuda. Y la llave que abre el corazón para que el perdón divino pueda entrar es el acto de perdonar libremente a quien nos ha ofendido, no sólo alguna vez, aisladamente, sino incluso de manera reiterativa.

Porque tal vez no es tan difícil perdonar sólo una gran ofensa. ¿Pero cómo olvidar las provocaciones incesantes de la vida cotidiana?, ¿cómo perdonar de manera permanente? Sólo es posible conseguirlo recordando nuestra situación, comprendiendo el sentido el sentido de estas palabras en nuestras oraciones de cada noche: “perdona nuestras ofensas, así como nosotros perdonamos a los que nos ofenden”. Sólo en estas condiciones podemos ser perdonados.

Además Jesús insistió muchas otras veces en la necesidad del perdón. Cuando Pedro le pregunta si hay que perdonar hasta siete veces, le contesta que hasta setenta veces siete, indicando con la respuesta que el perdón no tiene límites; pidió perdonar a todos, incluso a los enemigos, y a los que devuelven mal por bien. Para el cristiano, estas enseñanzas constituyen una razón poderosa a favor del perdón, pues están dictadas por el maestro.

Pero Jesús que es el modelo a seguir para quien tiene fe en él, no sólo predicó el perdón sino que lo practicó innumerables veces. En su vida encontramos abundantes hechos en los que se pone de manifiesto su facilidad para perdonar, lo cual es probablemente la nota mejor que expresa el amor que hay en su corazón: Por ejemplo mientras los escribas y fariseos acusan a una mujer sorprendida en adulterio, Jesús la perdona y le aconseja que no peque más; cuando le llevan a un paralítico en una camilla para que lo cure, antes le perdona sus pecados; cuando Pedro lo niega por tres veces, a pesar de las advertencias, Jesús lo mira, lo hace reaccionar y no solamente le perdona, sino que le devuelve toda confianza, dejándole al frente de la Iglesia. Y el momento culminante del perdón de Jesús tiene lugar en la cruz, cuando eleva su oración por aquellos que le están martirizando: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”.

La consideración de que el pecado es una ofensa a Dios, que la ofensa adquiere dimensiones infinitas por ser Dios el ofendido, y a pesar de ello Dios perdona nuestros pecados, cuando ponemos lo que está de nuestra parte, nos permite ver la desproporción tan grande que existe entre ese perdón divino y el perdón humano. Por eso resulta muy lógico el siguiente consejo: “Esfuérzate, si es preciso, en perdonar siempre a quienes te ofendan, desde el primer instante, ya que, por grande que sea el perjuicio o la ofensa que te hagan, más te perdona Dios a ti”. Y este “más” incluye el aspecto cuantitativo, es decir las innumerables veces que hemos ofendido a Dios y Él ha estado dispuesto a perdonarnos. Por eso, este argumento tiene valor perenne, cualquiera que sea la magnitud de la ofensa que hayamos recibido, y el número de veces que hemos sido agraviados.

Hasta dónde perdonar

Hay ofensas que parecerían imperdonables por su magnitud, por recaer en personas inocentes o por las consecuencias que de ellas se derivan. Humanamente hablando no encontraríamos justificación suficiente para perdonarlas, y es que el perdón no se puede entender, en toda su dimensión y en todos los casos, con esquemas sólo humanos. Sólo desde la perspectiva de Dios podemos comprender que incluso lo que parece imperdonable puede ser perdonado, porque “no hay límite ni medida en el perdón, especialmente en el divino”. El hombre si realmente desea perdonar, debe vincularse a Dios. Sólo así se explica, por ejemplo, el testimonio de Juan Pablo II que sacudió a la humanidad cuando, a los pocos días del atentado del 13 de mayo de 1981, en cuanto salió del hospital, visitó personalmente a su agresor, Ali Agca, lo abrazó, y posteriormente comentó: “Le he hablado como se le habla a un hermano que goza de mi confianza, y al que he perdonado”.

Esta universalidad del perdón incluye también aquellas ofensas que más nos cuestan perdonar: las que padecen las personas que más amamos. Emocionalmente experimentamos en estos casos que, si perdonamos a quienes han cometido el abuso, estamos traicionando el afecto que sentimos hacia la persona ofendido. Pero una vez más será preciso no dejarse llevar por el sentimiento y tratar de distinguir el afecto que sentimos hacia ese ser querido, y la acción de perdonar. Y en la medida de nuestras posibilidades procuraremos concretar el amor buscando el bien de ambas partes: de quien ha recibido la ofensa y amamos naturalmente, mediante la ayuda y el afecto que le convenga, de quien ha cometido la ofensa, a través del correctivo que le facilite rectificar su conducta.

La ausencia de límites y medida en el perdón incluye también volver a perdonar cada vez que la ofensa se repita. La frese de Jesús, “hasta setenta veces siete”, tiene este sentido. Perdonar siempre significa que cada vez que se repite el perdón es como si fuera la primera vez. Porque lo pasado ya no existe. Porque todas las ofensas anteriores fueron anuladas y todas han sido borradas del corazón.

Reflexión final:

Si perdonas en nombre de Cristo, debes hacerlo como Él. ¡Qué difícil! Pero hay que intentarlo porque Cristo quiere perdonar, y el hombre necesita ser perdonado, y tú puedes dar ese perdón.

No te canses de perdonar como Cristo, aunque falte mucho para igualar al modelo; no te canses y si además lo tratas de hacer como Él lo haría, ¡mil veces!

Necesitan tus hermanos sentir la mano de Cristo en el hombro, el beso de Dios en la frente; la mano que enjuga las lágrimas. Tú eres esa mano y ese beso de Dios; intenta hacerlo como Dios. Si perdonas como Él, te perdonarán; si enjugas lágrimas con idéntica ternura, ellos te amarán; si les besas en la herida purulenta, sanarán.

¡Qué difícil! Pero tienes que intentarlo, aunque al principio no te salga igual; intenta hasta que seas de verdad ese Cristo en la tierra, ese Cristo que los hombres odian, y que, sin embargo, necesitan más que el pan y el vino. Te necesitan, no te escondas de ellos, aunque sólo en el cielo te lo agradezcan.

Tu corazón debe acostumbrarse a amar y hacerlo con gusto y con amor; tu corazón debe aprender a perdonar, a perdonar mucho, a perdonar con amor. Si perdonas en nombre de Cristo, debes hacerlo como Él.

 

 

10 razones para perdonar

 

  1. POR QUE EL PERDÓN ES UN REGALO Es un acto de amor con el que nos hacemos un obsequio de paz a nosotros mismos. Verá cómo siente alivio cuando opta por perdonar de manera sincera a alguien.

 

  1. PORQUE EL PERDÓN ES COMPRENSIÓN: Cuando comprendemos experimentamos una actitud sincera y abierta para con nosotros mismos y con los demás.

 

  1. PORQUE EL PERDÓN LE DA FUERZA PARA SER POSITIVO: Este sentimiento le proporciona un honrado marco en el que usted puede crear una atmosfera de aceptación con los demás, un entorno en el que las personas y las relaciones pueden madurar.

 

  1. PORQUE EL PERDÓN LO HACE CRECER: Si tiene presente que el perdón es un proceso, comprenderá que es un camino con distintas etapas, sujeto a los cambios que vamos dando en la vida.

 

  1. PORQUE EL PERDÓN CURA HERIDAS: La gravedad de ciertos resentimientos en las personas disminuye cuando usted perdona. Nadie dijo que es fácil perdonar, pero mejor también es cierto que esa es la mejor medicina para su vida.

 

  1. PORQUE EL PERDÓN ES FELICIDAD: Gonzalo Gallo, reconocido líder espiritual, le reconoce al perdón bondades que nos conectan con el júbilo y la alegría.

 

  1. PORQUE ES BUENO PARA EL CORAZÓN: Está comprobado, según estudios médicos, que las personas rencorosas son más propensas a sufrir enfermedades cardiovasculares.

 

  1. PORQUE NOS ENSEÑA A COMPARTIR: Gracias al perdón volvemos a sentir la magia de servir y ayudar a los demás.

 

  1. PORQUE PERDONAR NOS ENSEÑA A AMAR: El perdón e magia y reverdece los corazones, al punto que empezamos a ver a los demás como seres que podemos aprender a querer.

 

  1. PORQUE CON EL PERDÓN PODEMOS VIVIR MEJOR: Las relaciones con los demás y con nuestros familiares son más fáciles de llevar cuando se perdona, que cuando se odia.

 

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LETANÍAS A SAN JOSÉ
Señor, ten piedad. R.
V. Cristo, ten piedad. R.
V. Señor, ten piedad. R.
V. Cristo, óyenos. R.
V. Cristo, escúchanos. R.
Dios, Padre celestial,
   R.Ten misericordia de nosotros.
V. Dios, Hijo, Redentor del mundo. R.
V. Dios, Espíritu Santo. R.
V. Santísima Trinidad, un solo Dios. R.

Santa María, R.  Ruega por nosotros.
San José,  R. Ruega por nosotros.
Ilustre descendiente de David
Luz de los patriarcas
Esposo de la Madre de Dios
Custodio del Redentor
Custodio purísimo de la Virgen,
Nutricio del Hijo de Dios
Diligente defensor de Cristo
Servidor de Cristo
Ministro de la salvación
Cabeza de la Sagrada Familia
José, justísimo
José, castísimo
José, prudentísimo
José, varón fuerte
José, obediente
José, fidelísimo,
Espejo de paciencia
Amante de la pobreza
Modelo de trabajador
Modelo de la vida doméstica
Custodio de vírgenes
Apoyo en las dificultades
Columna de las familias
Consuelo de los desdichados
Esperanza de los enfermos
Patrono de los exiliados
Patrono de los afligidos
Patrono de los pobres
Patrono de los moribundos
Terror de los demonios
Protector de la santa Iglesia.

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo,
R. Perdónanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo,
R. Escúchanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo,
R. Ten misericordia de nosotros.

Lo nombró administrador de su casa.
R. Y señor de todas sus posesiones.
ORACIÓN
Oh, Dios, que con inefable providencia elegiste a san José como esposo de la santísima Madre de tu Hijo, concédenos que merezcamos tener como intercesor en el cielo al que veneramos como protector en la tierra. Tú, que vives y reinas, por los siglos de los siglos. Amén.
[/md_text][/vc_column][/vc_row]
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