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Destinatarios

María del Refugio deseaba educar a la niñez y juventud de todos los estratos y naciones, pero, para hacerlo adecuadamente, distinguía entre las clases sociales y entre los sexos. Cuando fundó el Instituto todavía no existía la costumbre de que la enseñanza fuera mixta ni el que las religiosas atendieran colegios de varones. Sus establecimientos por consiguiente, estaban originalmente pensados para la educación de la mujer.

 

El primer colegio fue de paga, porque de las pensiones se obtendrían los recursos para subsistir y para sostener escuelas gratuitas. Tenía en mente, sin embargo, las hijas de las familias venidas a menos, las que ella llamaba “niñas pobres decentes”, que no podían pagar pensión, pero tampoco convenía educar en las escuelas para las niñas de las clases menos favorecidas. Sin dar importancia de la estrechez económica de la comunidad, para ellas otorgó un número considerable de becas y a algunas las recibió gratuitamente en calidad de internas. En algún momento consideró la posibilidad de abrir un colegio exclusivo para ellas.

 

Con el anhelo de que los colegios de paga sostuvieran escuelas para pobres, estableció clases y colegios gratuitos, a cuyas alumnas llamó “trinitarias” en honor a la Santísima Trinidad. A esas niñas las proveyó de todo lo necesario, las instruyó en la doctrina cristiana y las preparó para su primera comunión.

En una ocasión en que una hermana se lamentaba de la escasa matrícula de las alumnas de paga, María del Refugio le contestó: “Gran tristeza me ha ocasionado su carta, diciéndome que pagan poco. Hay que buscar almas y no dinero, es bendición de Dios atender a los pobres. Han dejado su patria para salvar las almas, Dios les ayudará y nada les faltará”.

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Apostolado universal

María del Refugio anhelaba extender su obra por todo el mundo, porque al hacerlo, equivaldría a dar a conocer a Jesús Eucaristía a todos los hombres, incluyendo a los de las llamadas “tierras de misión”. La vocación está implícita al definir el Instituto.
     Las alumnas captaron esta misión universal y prueba de ello es una composición que le dedicaron: 
    “Aquí estamos nosotras, vuestras hijas de los Colegios Eucarísticos, dispuestas a ir al África, a China, por confesar la fe de Jesucristo, a la voz de vuestro ejemplo, siguiendo vuestras huellas, para impregnarnos del amor Divino que arde en vuestro pecho, y si es necesario, hasta el martirio, ofreciendo nuestra vida y sellando nuestros labios con el nombre de Jesús Eucarístico a quien Vos nos habéis enseñado a amar”.
     Al hablar de los medios característicos para ejercer el apostolado, María del Refugio nunca habló de “misiones” sino de colegios, catequesis sacramental y bibliotecas. La misión del Instituto sería extender el conocimiento de Cristo Sacramentado, adorar la Eucaristía y educar a la juventud contrarrestando así la impiedad, la corrupción de costumbres, la perversidad de las gentes y la influencia del protestantismo. Lo que significa que, de fundar en tierras de misión, lo habría hecho para atender colegios y a través de éstos difundir el amor al Santísimo Sacramento.
     Con sus escasísimos medios María del Refugio ayudaba a las misiones y, animada por la lectura de las obras de la Madre Maturana, pensó concretar su propio ideal evangelizador abriendo colegios en tierras de infieles. Ya en 1929 andaba en arreglos para establecer una escuela en una misión del Perú. Hubo también los ofrecimientos de la Sociedad de Misiones Africanas de Lyon del Patriarca latino de Jerusalén, que por diversas circunstancias no se llevaron a cabo.
     En 1938, la nueva Superiora General del Apostolado del Santísimo Sacramento intentó una fundación en África. La movía un sueño que María del Refugio le había comunicado poco antes de morir, sobre tres hermanas que habían llegado al África para fundar una casa y que esta fundación la había hecho María, y que ella le había preguntado el por qué se animó a pesar de las dificultades, y que ésta le contestó: ¡pero Madre, me animó la lectura de la M. Maturana!
     María del Refugio sabía que no contaba con el tiempo suficiente para ver realizados todos sus anhelos, por eso los comunicó a su hija. Ella no logró este último deseo de su Madre Fundadora, pero tuvo grandes esperanzas en que las generaciones futuras completarían lo que ella no pudo realizar.

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