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Proyecto de Fundación

 María del Refugio pretendió ingresar al Carmelo Descalzo y, posteriormente, a la Compañía de María, pero la realidad de su vida iba a ser muy distinta. En su experiencia de madre y en el ejercicio del apostolado, sintió que el Señor le confiaba la salvación de los niños y jóvenes y que debía procurarla con el buen ejemplo, la palabra y la oración. Llegó a la convicción de que transformaría al mundo promoviendo los valores cristianos, formando ciudadanos que cumplieran con sus deberes y respetaran los derechos de los demás, a la vez que tuvieran acceso a mejores condiciones de trabajo, fueran solidarios con el prójimo e hicieran buen uso de los bienes materiales. Las visitas frecuentes al Colegio de su hija le dieron la oportunidad de conocer al R. P. Vicente María Zaragoza, confesor de las internas y gran enamorado de la Eucaristía. Él había concebido la idea de fundar una Congregación religiosa que se dedicara a extender el amor de Jesús Eucarístico; y para poder realizar su inspiración deseaba encontrar a otra persona que como el, tuviera un amor muy grande a Jesús Sacramentado y poseyera gran celo por la salvación de las almas.

María del Refugio concibió el proyecto de fundar un instituto religioso para extender el amor al Santísimo Sacramento, reparar los pecados del mundo, y también como estrategia para dar mayor trascendencia a su actividad apostólica. Un Instituto que, sin dedicarse de manera exclusiva a una determinada clase social, atendiera establecimientos educativos, centros de catequesis y bibliotecas donde se proclamara el evangelio y se difundiera el amor a Jesús Sacramentado desde la propia realidad y cultura de las gentes. R. P. Vicente María Zaragoza. Al tratar el Padre Zaragoza a María del Refugio y poner en común su proyecto estudiaron la manera de realizarlo. Muchas reuniones se tuvieron en casa de la familia Olivares, dos de cuyas hijas Dolores y María fueron de las primeras jóvenes que ingresaron en el Instituto.

Con intención de prepararse interiormente y concluir los detalles de la fundación, ingresó en enero de 1908, al pensionado de la Compañía de María en la ciudad de México. Le acompañaba su hija, la cual prestaría sus servicios en el Colegio de dichas religiosas, con el fin de adquirir experiencia para después colaborar como profesora seglar en la obra de su madre. En el pensionado se une a ella otra joven viuda, dirigida del P. Zaragoza, la Señora Guadalupe Hernández Viuda de Velázquez, que desea también consagrar su vida al Señor. Aunando los esquemas de espiritualidad que influyeron en María del Refugio tenemos: • El espíritu franciscano cultivado en sus años de viuda joven, con sus notas de fraternidad, pobreza, cercanía de Jesús y sencillez. • El carisma teresiano de clausura y encuentro con Dios en soledad. • El espíritu ignaciano de fuerte apostolado, de compromiso a favor de la evangelización, de intensa identidad con los problemas de la Iglesia. Ella fue gustando y viviendo, de forma personal, tres grandes carismas de la vida religiosa y de la espiritualidad de la Iglesia. En todos encontró algo bueno, pero no se detuvo en ninguno de los tres para tomarlo como propio. La Providencia divina la llevó más allá, como buscando su propia identidad dentro de la Iglesia, hasta encontrarla en su nueva fundación eucarística y mercedaria.

Fundación

 

El 25 de marzo de 1910, fiesta de la Encarnación del Hijo de Dios, bajo la dirección del Padre Zaragoza, María del Refugio acompañada por la Sra. Guadalupe Hernández funda el “Apostolado de Jesús Eucarístico”. Días más tarde inaugura el primer Colegio que llevará el nombre de Colegio del Santísimo Sacramento. La dirección académica fue encomendada a Refugio Cancino Aguilar, su hija. La base del proyecto educativo de María del Refugio es que en el centro de todas las ciencias está Dios y que no hay auténtica vida cristiana sin la participación eucarística y la protección de María. En otras palabras, ir más allá de lo académico, haciendo del aprendizaje una experiencia mística que nos descubra y haga gozar y agradecer la presencia y la grandeza de Dios.

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A partir de entonces toda la vida de María del Refugio girará en torno a la comunidad y a la escuela, alimentando su espíritu con la comunión cotidiana y la adoración al Santísimo y desbordando su caridad en quienes la rodean. El 2 de febrero de 1911 recibieron el hábito de manos del P. Zaragoza María del Refugio Aguilar, Guadalupe Hernández y María Olivares y el 25 de diciembre de 1912 el mismo Padre recibió el voto que hicieron prometiendo servir a Dios hasta la muerte. En sus primeros años la naciente Congregación tuvo que sufrir grandes penalidades debido a ciertas crisis internas y a la confusa situación política del país. Como consecuencia de los actos violentos de la “decena trágica”, en febrero de 1913, los Institutos Religiosos fueron seriamente dañados y hubo deserciones de algunos miembros. María del Refugio convirtió su colegio en hospital para atender y curar a los heridos y organizó colectas de víveres y ropa para repartirlas entre familias pobres, llegando a contarse, en 1915, cerca de cuatrocientas personas las que acudían diariamente a las puertas del colegio, y a todas les daba de comer. Por todos estos servicios la Asociación Mexicana de la Cruz Blanca Neutral le concedió, años más tarde, una mención honorífica.

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En la Avenida Chapultepec

 

En 1917 el Colegio del Santísimo Sacramento se trasladó a una villa en la Avenida de Chapultepec N.º 183, que había sido Colegio de Jesús María. A esta casa fue enviado por el arzobispado de México el R. P. Fray Alfredo Scotti, O. de M. para orientar a la nueva Congregación ya que en sus orígenes se había desarrollado de una forma muy sencilla y familiar, con un reglamento que ordenaba los horarios y definía las responsabilidades para cada uno de los cargos y oficios. Hacían falta constituciones, directorio y ceremoniales. Lleno de celo y buena voluntad, trabajó infatigablemente con las primeras religiosas. María del Refugio redactó los borradores, en los que definió su ideario de vida religiosa. Según ella, esta comunidad eucarística es una familia y como en todo hogar, hay que guardar un orden y un respeto, establecido en sus reglas y horarios, así como en el trato cordial y educado, indispensable para la convivencia filial y fraterna que se manifestará en armonía entre sus miembros y en alegría. Señala la bondad, la urbanidad, la paciencia, la humildad, como elementos que deben existir para que las relaciones en toda familia sean constructivas y fraternas. Pero, sobre todo, el amor y el perdón.

Con la ayuda de R. P. Scotti la Congregación fue organizándose canónicamente. Todo se hacía como estaba previsto. No tardaron en llegar al Instituto jóvenes que, siguiendo la llamada divina y ante el ejemplo de la fundadora consagraron su vida a la causa del Reino. El Apostolado de Jesús Eucarístico tenía tres miembros el día de su fundación; en enero de 1919 eran quince y un año después veintisiete. Entre ellas su propia hija María Refugio Cancino que, al consagrar su vida al Señor recibió el nombre de María Teresa. En agosto de 1920 resolvió ingresar en el Instituto fundado por su madre.

Expansión nacional

 

El aumento de personal fue motivo para que la comunidad iniciara su expansión. Las primeras fundaciones se hicieron en México. La primera casa filial fue la de Popotla, D. F., cuyo colegio fue inaugurado el 2 de febrero de 1919, sería sede del Postulantado y Noviciado. Cinco meses más tarde se abrió la segunda, en San Luis de la Paz, y en diciembre una en Real del Monte. Siguieron otras en Jalapa, Sayula, San Luis Potosí, Monterrey, Saltillo, Toluca y Tacubaya. En algunas de estas fundaciones se vivía en suma pobreza, careciendo incluso de alimentos. María del Refugio, sin embargo, estaba conforme con las precarias condiciones, recordando las palabras de Santa Teresa, de que “todos los principios son penosos” y con la convicción de que, una vez comenzado algo, debe continuarse, sin importar las dificultades que puedan presentarse, siempre que sea voluntad de Dios y de los superiores.

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Aprobación Diocesana

 

En vista del número de casas y de miembros y de que ya todo estaba bien organizado, el Arzobispo Mora y del Río puso en manos del Padre Scotti la solicitud de aprobación diocesana del Apostolado de Jesús Eucarístico, junto con las cartas de recomendación de varios obispos, para que las llevara personalmente a Roma. La aguda inteligencia y diplomacia del Padre Scotti consiguió en 15 días la aprobación diocesana de la obra de María del Refugio, convertida en Congregación diocesana. El 15 de junio de 1922, fiesta del Corpus Christi, la Santa Sede concedía el permiso de erección canónica, cambiando entonces el nombre inicial al de “Apostolado del Santísimo Sacramento”. El 25 de diciembre de 1924 María del Refugio renovó su profesión y vistió por primera vez el hábito blanco que sustituía al negro impuesto por el Padre Zaragoza.

Agregación a la Orden de la Merced

En agradecimiento a la Virgen Redentora de cautivos, por el desarrollo notable y los logros que habían alcanzado desde que el religioso mercedario comenzó a dirigirlas, María del Refugio solicitó al Excelentísimo Señor Arzobispo de México la agregación a la Orden, ésta les fue concedida por el Maestro General Fr. Juan del Carmen Garrido el 11 de Julio de 1925, siendo desde entonces conocidas como “Religiosas Eucarísticas Mercedarias” y desde 1948 como “Hermanas Mercedarias del Santísimo Sacramento”. Por esta devoción las Hermanas están llamadas a participar del dolor maternal de María, asociado al misterio redentor de Jesús, y a colaborar con actos heroicos de amor y caridad para rescatar al hombre de sus cautividades modernas y así salvar sus almas. La Orden de la Merced recibió dentro de su campo carismático un grupo nuevo de hermanas dedicadas a evangelizar a los niños desde la Eucaristía y éstas encontraron en ella una nueva fuente de inspiración para su apostolado.

 

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Persecución religiosa y expansión internacional

En los cortos años de vida que llevaba el Instituto, México venía padeciendo guerras fraticidas y persecuciones religiosas que dificultaban el apostolado docente por falta de libertad para enseñar la doctrina católica. Al recrudecer la persecución religiosa en la nación (1926), los Colegios fueron clausurados o destruidos y el gobierno del Presidente Plutarco Elías Calles se adjudicó la propiedad de los inmuebles. Las hermanas padecieron de lleno la persecución, pero lo que podía haberse convertido en riesgo de muerte para el Instituto vino a transformarse en principio de vida. Dios quiso convertir la prueba en germen de crecimiento. María del Refugio, con el afán de protegerlas, dispersó a sus religiosas por diversas naciones del Continente Americano y Europa dando así expansión internacional al Instituto. La primera fue una fundación en Placetas, Cuba, en septiembre de 1925. Luego tramitó una fundación en El Salvador, agosto de 1926, y el traslado del Noviciado a Oklahoma en Estados Unidos, agosto de 1926. En La Habana abrió otro Colegio Eucarístico en septiembre de 1926, y de España le propusieron abrir una casa en las Provincias Vascongadas, Pasajes San Pedro, Guipúzcoa, agosto de 1927.
Ella y sus consejeras permanecieron en México con un número reducido de hermanas, cambiando frecuentemente de domicilio y ocultándose con prudencia. Este contratiempo no impidió la adoración a Jesús Sacramentado ni el trabajo docente con grupos reducidos. Durante la persecución religiosa, María del Refugio recibió una carta del Maestro General de la Orden de la Merced en la que la alentaba y compadecía por la crítica situación por la que pasaba la Iglesia en México. Por el mismo conducto escribió Fray Luis Márquez Eyzaguirre, mercedario chileno, ofreciendo sus servicios para conseguir una fundación en Chile, a la que María del Refugio no dudó en aceptar, (noviembre 1926).

El contacto con algunos mexicanos en Lovaina y Estados Unidos motivaron al Padre Márquez a hacer un viaje a México, en 1928, para ver por sí mismo la situación por la que pasaban los católicos. En la ciudad de México permaneció un mes, hospedado en la casa de la Avenida Chapultepec, ocasión que aprovechó para proponer otras fundaciones: Cartagena en Colombia, febrero de 1929, y Caltanissetta en Italia, julio de 1929, que se realizaron con no pocos contratiempos. El encuentro con María del Refugio lo calificó Márquez como la impresión más grande de su vida. Hacia 1929 funcionaban con dificultades y penurias el noviciado de Oklahoma, dos colegios en Cuba, uno en la República de El Salvador, otro en Chile, otro en España, otro en Colombia y uno más en Italia. En México quedaban el gobierno general y algunas hermanas que continuaron instruyendo ocultamente, reuniendo grupos de niñas en casas particulares en la Colonia Roma, Coyoacán y San Luis Potosí. La casa de Chapultepec estaba denunciada como escuela católica desde 1924, constando en el acta la existencia de una capilla. Previendo lo peor, María del Refugio hizo demoler la capilla, para que no fuera profanada. Cuando ya no hubo remedio, alquiló una casa en Coyoacán, que pasaron a ocupar en septiembre de 1930, al ser despojadas del único inmueble que poseían y que con tanto sacrificio había adquirido en 1917.

 

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La obra de infancia

 

Al final de sus días María del Refugio sintió la necesidad de expresarse plenamente como madre, dejando un signo de maternidad creadora a sus hermanas religiosas y abriendo un camino de vida y testimonio sobre el mundo. Ella había tenido bajo su cuidado un grupo de niñas huérfanas a las que había dado casa, vestido, sustento y educación. Pero sobre todo les dio cariño y ambiente de familia. Libre de la responsabilidad de estas jóvenes por ingresar en el mundo laboral unas, en la congregación otras y regresar con sus familias las restantes, quiso desagraviar a Dios por la impiedad de quienes impiden se le nombre en las escuelas, dando familia y educación a siete niñas desamparadas: una por cada uno de los dolores de la Santísima Virgen, y de cada una de las naciones donde hasta entonces se había extendido el Instituto. Esto fue lo que llamaron “obra de infancia “. Los trámites migratorios impidieron que María del Refugio realizara su anhelo tal como lo había deseado, es decir, con una niña de cada país. La vida tampoco le alcanzó para recibir a las siete pero a las cinco que recibió fueron: Delia (1933), María Dolores (1934), Guadalupe (1935), Yolanda y Mercedes (1936), les dio el apellido “Aguilar” y fue para ellas una verdadera madre. Al morir María del Refugio, su hija María Teresa, primera sucesora al frente del gobierno general, las aceptó como “herencia sagrada” de su madre, continuando los cuidados y formación que venían recibiendo. La “obra de infancia” fue un acto de reparación al Señor. María del Refugio estaba profundamente dolida por el ateísmo y contenido inmoral de los programas obligatorios de enseñanza. Y le repugnaba también la postura condescendiente de los educadores católicos frente a las exigencias del Gobierno.

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Superiora General

Pese a su aversión a ocupar cargos de autoridad, sus enfermedades y cansancio fue Superiora General durante 27 años, (1910 – 1937). En sucesivas ocasiones manifestó a la Curia Metropolitana que su nombramiento como Superiora General había terminado pero el Señor Arzobispo de México le reiteró una y otra vez en su cargo. Tuvo algunos períodos de excedencia en los que ocuparon el cargo interinamente las Vicarias Generales, M. Guadalupe Hernández, 6 meses en 1927, y M. María Teresa Cancino, 6 meses en 1932. Gobernó movida por amor a Jesús Sacramentado y con el interés de que sus religiosas fueran santas. Desde el principio de la fundación demostró adhesión, respeto, obediencia y sumisión a la jerarquía eclesiástica, reconociendo en ella a los pastores puestos por Dios para conducirnos al cielo. La contemplación del Misterio Eucarístico, el modo peculiar de leer el Evangelio, el anhelo de configurarse con Cristo viendo en María un modelo de consagración a Dios y de servicio a los más necesitados, fueron experimentados por ella para después definir e institucionalizar el carisma que el Espíritu Santo le había concedido.

Últimos meses de vida

La vida en Coyoacán transcurría relativamente tranquila en comparación con la agitación política y social que asolaba la ciudad y las provincias. Escudo de la Congregación. María del Refugio dejó Coyoacán presintiendo que su muerte estaba próxima. Nunca se le vio impaciente o disgustada cuando ocurría algo desagradable. La última casa que ocupó fue en la Calle Martí No 256, Colonia Escandón. A las pocas semanas, al estar rezando fervorosamente la novena de la Virgen de Guadalupe, una corriente de aire en el cuarto que se adaptó como capilla le provocó una pulmonía. Al inicio del año 1937 se encontraba muy agotada por una tifoidea que venía padeciendo hacía varios meses, con fiebre y malestar continuo. A mediados de febrero le diagnosticaron bronconeumonía y poco después nefritis, que le ocasionó inflamación en todo el cuerpo. Su estado empeoró por insuficiencia renal, hipotermia e invasión de líquido en los tejidos. Se hallaba en un estado de debilidad absoluta, sufriendo muchísimo, sin movimientos y con fuertes dolores. La enfermedad fue larga y penosa, pero nunca perdió la serenidad ni se quejó, manteniéndose alegre hasta el final, soportó todo con suma paciencia y resignación. Con dificultad escribió a todas las religiosas participándoles su gravedad, encomendándose a sus oraciones y haciéndoles algunas exhortaciones. A las hermanas que la acompañaban les pidió unión y caridad fraterna, les recomendó que cumplieran con su guardia ante el Santísimo, que rezaran por los difuntos y que no la dejaran en el Purgatorio. Había cumplido su misión, había recorrido su camino, dejaba sobre el mundo una herencia de amor, colocada bajo el patrocinio de Jesús Sacramentado y de María de la Merced. Es evidente que podía y debía morir. El 23 de abril amaneció muy grave. Le hicieron una transfusión de sangre que le ocasionó una fuerte reacción. Le acompañaban algunas religiosas y el Padre Zaragoza, a quien pidió la absolución. Cuando el Padre vio que la vida de María del Refugio llegaba a su fin, le tomó la mano derecha y le dijo: “Bendice a tus hijas”. Dio una última mirada, pronunció las palabras: “arriba, arriba … ” y descansó en paz. Era la madrugada del 24 de abril de 1937.

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