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Juventud Eucarística Mercedaria

Definimos a nuestro Movimiento de la manera siguiente: JEM ES UN MOVIMIENTO EUCARÍSTICO MERCEDARIO DE PASTORAL JUVENIL VOCACIONAL

JEM quiere ser fruto de una exigencia siempre renovada de fidelidad a la Misión Redentora que el Instituto de las Hermanas Mercedarias del Santísimo Sacramento recibió de María del Refugio.
JEM es una escuela de formación cristiana en la vida y para la vida. Una forma de ser Iglesia participando en su misión evangelizadora.
JEM es un MOVIMIENTO, fruto de la acción del Espíritu que suscita nuevas respuestas a la problemática juvenil y es una MÍSTICA encarnada en personas concretas que generan un dinamismo propio para afrontar el mundo, sus esclavitudes, sus retos y sus llamadas.
JEM es un MOVIMIENTO EUCARÍSTICO MERCEDARIO, por el estilo y la espiritualidad propios, tiene como centro a Cristo Redentor presente en la Eucaristía y a María, nuestra madre de Merced.
JEM es un MOVIMIENTO EUCARÍSTICO MERCEDARIO DE PASTORAL JUVENIL, porque…

Sus protagonistas son los jóvenes y los niños,

Le caracteriza un estilo juvenil de vivir los valores,

Considera a la juventud como la “enorme fuerza renovadora de la Iglesia y de la sociedad”, según el documento de Puebla.

Acompaña con más atención al crecimiento de los Peregrinos en la fe.
JEM es un MOVIMIENTO EUCARÍSTICO MERCEDARIO DE PASTORAL JUVENIL VOCACIONAL, porque acompaña y ayuda a cada uno de sus integrantes a descubrir y a dar la mejor respuesta al proyecto del amor de Dios sobre su existencia, ya que toda vida es una vocación.

Centralidad de nuestra espiritualidad

JEM vive las verdades centrales de la evangelización, pero su único centro es Cristo Redentor del hombre que palpita en la Eucaristía.

Cristo Redentor del hombre en su Misterio Eucarístico

El centro de nuestro Movimiento JEM es CRISTO, quien en la Eucaristía se nos ofrece para nuestra redención haciendo de nosotros, hombres y mujeres libres y liberadores.

Cristo Señor y centro de la historia nos invita a ser cristos jóvenes en y para el mundo acogiendo en nuestra vida el proyecto liberador de Dios Padre, que es el servicio amoroso y desinteresado a todos los hombres, de manera personal y redentora: sanando, perdonando, invitando al cambio de vida y a su seguimiento, en la alegría de sentirse amados y enviados por Dios. Este proyecto debemos darlo a conocer con nuestra predilección por los débiles y marginados de la sociedad: los pobres, los oprimidos, los niños y niñas, mujeres y hombres, viudas, los enfermos, los ignorantes, los pecadores con ellos Cristo nos invita a vivir en comunión.

En el mundo de hoy, existen diversas cautividades como son: las modas, drogas, el mal uso de la tecnología, la pornografía, el egoísmo, consumismo, etc. Nosotros confesamos que sólo Cristo puede liberarnos de estas cautividades, Cristo nuestro único absoluto, capaz de dar sentido a nuestra vida y de mantener viva nuestra esperanza, aun en medio de las dificultades.

Cristo nos llama a vivir en comunión. A Él le descubrimos caminando con nosotros, como un Dios cercano y amigo personal, que se nos revela y hace presente en todos los acontecimientos de la vida y de manera especial en nuestros hermanos los hombres.

Por tanto, el niño y el joven de JEM tienen como centro de su vida a Cristo, quien les llama para estar con Él y enviarles a predicar (Mc. 3, 13).

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  • Verdades centrales

La Iglesia como “la gran Comunidad liberadora” lugar especial de comunión, de participación y de liberación

La Iglesia nace de Jesucristo, por la fuerza de su Espíritu, mediante el testimonio de sus discípulos, hombres convocados por Él para vivir y transmitir la experiencia de Cristo Redentor.

La Iglesia es la familia de los hijos de Dios; en ella por la acción del Espíritu Santo los hombres nos reconocemos hermanos y experimentamos la alegría de ser hijos de un mismo Padre.

La Iglesia tiene a María por Madre de Misericordia y ejemplo de amor liberador.

En los Sacramentos encontramos una manera especial de celebrar como acción de la Iglesia, el encuentro liberador de Cristo con los hombres y nuestra confianza en el amor misericordioso del Padre.

Expresamos nuestra pertenencia a la Iglesia trabajando por hacer de cada Koinonía una verdadera comunidad eclesial de fe, de esperanza y de amor, que revele al mundo, con alegría, la presencia de Cristo nuestro Redentor, resucitado y presente en la Eucaristía.

En JEM queremos formarnos para asumir oportuna y gozosamente nuestra vocación personal, para ponerla al servicio del Evangelio, a través de los diversos ministerios de la Iglesia local. Nos proponemos así, expresar nuestra pertenencia a la Iglesia servidora y liberadora, comprometida con los pobres y oprimidos por las distintas cautividades que encadenan al hombre de hoy.

Confiando en las palabras del Señor Jesús “Yo estaré con ustedes hasta el fin de los tiempos” hacemos de la oración y encuentro con Cristo en la Eucaristía, la fuente de comunión, desde la cual somos enviados en misión liberadora.

Nuestra comunión con el Magisterio y con la jerarquía de la Iglesia será la garantía de la autenticidad de nuestra acción evangelizadora.

 

El hombre nuevo como el “hombre libre”

Porque queremos ser plenamente personas libres, miramos a Jesucristo como el Hombre plenamente libre y de quien aprendemos lo que estamos llamados a ser. De ahí que consideramos su Evangelio como la Buena Noticia de liberación.

Construyendo nuestra Koinonía, queremos llegar a ser hombres y mujeres libres, haciendo de la “comunión y participación” un programa de vida.

Convencidos que el amor y el servicio al estilo de Jesucristo son la medida de la riqueza interior de la persona, procuramos amar y servir, siendo diligentes en la búsqueda de nuestra misión y de la mejor respuesta al llamado del Señor, como aporte original y específico a la instauración del Reino de Dios.

Estamos ciertos de que el camino de liberación culmina en la Comunión eucarística. La liberación plena vendrá cuando los hombres podamos celebrar en hondura y libertad la Eucaristía: cuando viva cada uno abierto a los demás, cuando compartamos todos gratuitamente la existencia.

 

  • Nuestros modelos

María. Nuestra Madre de la Merced; liberadora de cautivos

María es nuestra Madre de la Merced, Madre de Misericordia, que acompaña y alienta nuestro “peregrinar redentor”. En JEM encarnamos sus actitudes ya que al asemejarnos a Ella, nos acercamos a la imagen del hombre redimido y, de esta forma, la reconocemos como nuestra Madre y liberadora de cautivos.

María es merced de Dios para nosotros; Ella es la Madre de los más desamparados, inspiradora de una acción liberadora. María inicia, así, un movimiento de redención y entrega a favor de los más pequeños (Lc. 1, 46-55). En JEM queremos ser “merced de Dios” para los hermanos. Nuestra Madre nos llama a ser “Mensajeros de misericordia” y “profetas de libertad” que con nuestras actitudes denunciemos y que con nuestro testimonio anunciemos la libertad cristiana. Nuestra Madre es el fundamento de toda acción liberadora a favor de los pequeños y los oprimidos.

María, primera redimida por su Hijo, está asociada a la Obra redentora de Jesús, colabora en su venida por la fe y el fíat. Ella es la mujer libre, llena de gracia, porque esta radicalmente en Dios, y liberadora, porque acogió en su seno al Cristo que nació por nosotros, para entregar su vida como un hombre en medio de los hombres. Nadie como María ha sido introducido en él por Dios mismo. En esto consiste el carácter excepcional de la gracia de la Maternidad divina. No sólo es única e irrepetible la dignidad de esta Maternidad en la historia del género humano, sino también única por su profundidad y por su radio de acción es la participación de María, imagen de la misma Maternidad, en el designio divino de la salvación del hombre, a través del misterio de la Redención (RH 22).

María es, al mismo tiempo, Madre de la Eucaristía. Ella fue el “primer sagrario”, el templo donde la palabra de Dios, el Hijo eterno, se ha hecho para siempre el Pan y el Vino de la historia; en ella se ha realizado la “primera consagración”. En JEM Nuestra Madre nos enseña las actitudes que hemos de cultivar, para acoger al Redentor en la comunión Eucarística, que es comunión con Dios y comunión con los hermanos.

María es mujer de compromiso liberador: Ella conduce a Jesús al lugar de la necesidad humana (Bodas de Caná: Jn. 2, 1-11), haciendo al mismo tiempo que los hombres vayan al lugar de su exigencia, “hagan lo que Él les diga”. Y en el comienzo de la Iglesia (Hch. 1, 14), Ella dirige a los hermanos al espacio en que se forma la comunidad, para que puedan participar de la presencia del Espíritu y sus dones.

María entona con soberana libertad el canto profético de la liberación que es el Magníficat, pero puede hacerlo porque lo hace desde la humildad de la esclava. A través de su canto, nuestra Madre, ha comenzado una liturgia jubilosa de agradecimiento; salta de gozo porque el Reino de Dios ha comenzado, está presente su poder liberador entre los hombres.

Todo el inmenso amor concentrado en su corazón de mujer, virgen, madre y esposa, sabe traducirlo en gestos humanos de amistad y servicio, presencia y compromiso. Para todos los “Peregrinos”, María es por excelencia “garantía de la grandeza femenina” y muestra la forma específica de ser mujer. Por eso, las mujeres que pertenecen al Movimiento JEM encuentran en Ella la inspiración para definir mejor su identidad y se proponen vivir como marías jóvenes entre los jóvenes.

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  • Testigos de libertad

Pedro Nolasco —mensajero de misericordia— profeta de libertad

El Movimiento JEM tiene a san Pedro Nolasco como testigo de libertad. Es el hombre que encarnó en su vida los valores del Evangelio de la Redención, que estamos llamados a vivir.

La familia mercedaria, es un don del Espíritu a la Iglesia en la persona y obra de Pedro Nolasco; hombre que sintió la llamada especial de Dios para una misión redentora y generó un nuevo estilo de vida evangélica en la Iglesia.

Pedro Nolasco hace de Cristo Redentor la razón fundamental de su existencia; se adhiere a Él con toda su vida, su corazón, su mente y su alma. Su oración ferviente y constante le llevó a comprender los caminos de Dios para él, a descubrir su voluntad en el momento histórico que le correspondió vivir. La autenticidad de su oración le impulsó al compromiso con los hermanos privados de libertad y en peligro de perder su fe. La liberación de los cautivos fue, así, fruto de una fuerte experiencia de Dios y experiencia del dolor del prójimo cautivo.

Para Pedro Nolasco, nuestra Madre de Merced es la inspiradora e impulsora de su obra. Ella protege a los cautivos y anima el gesto liberador de Nolasco, quien ve en Ella el amor misericordioso de Dios.

Pedro Nolasco es el hombre valiente y audaz, que de comerciante de oficio se convirtió en comerciante para el Reino, haciéndose pobre como Cristo, para liberar al hermano oprimido.

Pedro Nolasco encarna la misericordia de Dios, acercándose al ser humano, promoviendo su dignidad de “hijo de Dios”, redimido por Cristo.

Pedro Nolasco, atento a los problemas de su tiempo, dedica su vida a la causa de la libertad. Su trato constante con el Señor de la liberación le llevó a vivir un amor heroico en defensa de la fe amenazada o cautiva; amor que contagió a sus amigos.

Pedro Nolasco nos deja en herencia un estilo de vida que JEM hace suyo, cuyos rasgos fundamentales son:

  1. El amor a Dios y al hombre en situación de cautividad. Amor gratuito, capaz de dar hasta la vida por el hermano.
  2. Seguimiento de Cristo Redentor.
  3. Amor y culto a Nuestra Madre, de la Merced; mujer libre y liberadora.
  4. La misericordia hacia el más necesitado, originada en el amor a Dios.
  5. La Eucaristía alimento del “Peregrino”, que hace hombres y mujeres libres y liberadores.
  6. La oración como encuentro permanente con Cristo Redentor.

  • Testigos de libertad

María del Refugio – mujer de comunión liberadora

María del Refugio es testigo de libertad para el Movimiento JEM: mujer de comunión liberadora que seducida por el amor de Dios, con audacia y valentía se propone extender en todo el mundo el gran misterio de la presencia de Cristo Redentor en la Eucaristía

María del Refugio, mujer atenta y disponible a la voluntad de Dios, se deja conducir por el Espíritu Santo por los caminos de la vida hacia un amor universal de donación total a la causa del Reino. Se hace, así, “Peregrina de la fe” tras las huellas del Redentor, alimentándose de la Eucaristía, alimento del Peregrino.

María del Refugio hace de la Eucaristía el centro de su vida, la razón de su existencia. Ama y adora a Jesucristo, quien perpetúa su Obra Redentora en la Eucaristía.

María del Refugio es la mujer de fe firme que, impulsada por el Espíritu de Cristo, emprende la Misión liberadora. Opta preferentemente por los niños y los jóvenes, en una sociedad en la que la fe se ve amenazada por una educación atea, llevándolos al encuentro con Jesús Eucaristía.

A ejemplo de Nuestra Madre de Merced que nos ofrece el rostro de la sencillez cercana, María del Refugio acoge a los niños y jóvenes, orientándoles en los caminos de la vida. Les educa en la libertad para que puedan proyectar todo lo que llevan dentro y entregarse plenamente por los demás.

Nuestra Madre de Merced es para María del Refugio, la Madre de Jesús Eucaristía; por tanto, Madre del Redentor, puerta y principio de la redención de los hombres.

María del Refugio vivió las actitudes de María y nos invita a vivirlas:

  1. Caridad, que brota del encuentro y contemplación de la Eucaristía y se traduce en gesto redentor hacia los hermanos.
  2. Humildad, para reconocer las maravillas de la redención que el Señor realiza en nosotros, como María.
  3. Alegría, que brota del corazón del hombre y la mujer libre, en la certeza de que el Reino de Dios ha llegado con todo su poder Redentor.
  4. Fe, para dejarse conducir por el Espíritu en la “peregrinación” hacia la casa del Padre.
  5. Esperanza, que nace de la fe alimentada por la Eucaristía, en la promesa de Jesucristo que beberemos con él el Vino Nuevo de la Alianza en el Reino eterno.

 

 

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