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Vitrales

Con motivo del Primer centenario de fundación de nuestro Instituto de Hermanas Mercedarias del Santísimo Sacramento, la  Madre María de la Luz del Sagrado Corazón Acosta Bustos, entonces Superiora General, en el año 2010, deseó dejar plasmados, simbólicamente en los vitrales de la capilla de la Casa General, algunos aspectos relevantes de las virtudes y anhelos que caracterizaron a nuestra Fundadora, la Venerable María del Refugio Aguilar y Torres, para que fueran una luz que nos guíen en el afán de una mayor identificación y vivencia del Carisma Eucarístico Mercedario y en la proyección del mismo en nuestros diferentes campos de apostolado.

 

Solicitamos para su ejecución al Reverendo Padre Gerardo López, O.C.D. quien con su experiencia espiritual y dedicación artística supo abstraer, inspirándose en algunas frases de la Sagrada Escritura, sobre todo en los Salmos, la esencia de las virtudes características de nuestra Fundadora y plasmarla en la combinación de Cristales, formas y colores.

 

María del Refugio fue un carisma encarnado, un espíritu encendido por el amor eucarístico en ese inmenso arco iris de la vida consagrada, que experimentó la fidelidad de Dios a la humanidad y la pobre fidelidad de la humanidad a su Dios.

AMOR MARIANO MERCEDARIO

 

María nuestra Madre de la Merced, que envolviéndonos en su misericordia, con fuerza redentora rompe nuestras esclavitudes.

 

Hoy podemos afirmar que el mismo Dios escogió a María del Refugio para poner en marcha un Movimiento de Vida religiosa apostólica que vincula su celo eucarístico con la exigencia de liberación mercedaria; el carisma Eucarístico Mercedario con la educación cristiana de los niños y jóvenes, ya que redimir al cautivo es el compendio de la misericordia, pues quien educa, corrige, viste, da de comer y entrega la vida por amor, como ella lo hizo, ejercita, a ejemplo de Cristo, la redención.

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FE, ESPERANZA Y CARIDAD

En este vitral está simbolizada la fuente bautismal que nos abre a la gracia y nos marca con el sello de Hijos de Dios y herederos de su vida divina sembrando en el ser humano las virtudes de Fe, Esperanza y Caridad.

 

María del Refugio fue una mujer con una fe y esperanza heroicas, vivió su experiencia bautismal desde pequeña, pero con mayor intensidad a partir de los ejercicios espirituales que realizó en marzo de 1986 que fueron la causa de un cambio radical que la llevó a buscar con insistencia el proyecto de Dios en su vida y a asumir en sí misma las palabras del profeta: “El Espíritu de Dios está sobre mí, porque el Señor me ha ungido. Me ha enviado para dar la buena noticia a los pobres, para vendar los corazones desgarrados, para proclamar la amnistía a los cautivos, la libertad a los prisioneros, para proclamar el año de gracia del Señor” (Is. 61, 1-2ª).

 

FORTALEZA

Este vitral representa la fortaleza que el Espíritu de Dios donó a María del Refugio templando su espíritu para superar con fe, esperanza y firmeza los acontecimientos dolorosos de su vida, mismos que la fueron preparando para la misión que Dios le tenía reservada: la Fundación de la Congregación de Hermanas Mercedarias del Santísimo Sacramento, superando con ánimo firme las pruebas, persecuciones e incomprensiones, haciéndola exclamar: El Señor es mi fuerza, mi roca, mi salvación. Él me guía por sendas de justicia, aunque pase por valles de tinieblas no temo, porque confío en su amor” (Cf. Sal 17)

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AMOR A DIOS TRINO Y UNO

El fuego del Amor Trinitario palpitaba en todo su ser y la impulsaba a la búsqueda de la Verdad Suprema, Don inapreciable para quien se abre para ser habitada por la Trinidad.

 

Esa energía que brota del Misterio de Dios Trino y Uno la urgía a proclamar desde el amanecer: “Muy santa, muy augusta Trinidad, yo creo que estás aquí presente, te adoro con los sentimientos de humildad más profunda y te doy gracias por haberme concedido este día para amarte y servirte…¡Santo, Santo Santo, Señor Dios de los ejércitos, llenos están los cielos y la tierra de tu gloria” (Trisagio)

JUSTICIA

“Obraba con la mayor justicia, pero en el fondo de esa justicia sabía expresar su cercanía afectiva, sabía ofrecer sus regalos”.

 

Ella demostraba con sus actitudes que el fruto de la justicia es la paz y que en la paz florece la caridad. Por lo que ejercitaba la caridad en la práctica de las Obras de Misericordia, socorriendo al necesitado, dando asilo al huérfano, visitando a los enfermos, consolando al triste, corrigiendo a quien erraba en su proceder, contemplando a Jesús en los demás. Confirmando con el salmista que “La fidelidad brota de la tierra, y la justicia mira desde el cielo” (Ps. 84)

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ARDIENTE AMOR EUCARÍSTICO

Su amor a Jesús Eucarístico era como fuego que abrazaba sus entrañas, que la transformaba, era fuerza de atracción que irradiando desde el Sacramento transmitía a quienes la rodeaban. María del Refugio fue un alma inflamada en el amor a Jesús, ese amor le impulsó a donarse en bien de los demás, a trabajar por extender su reinado, a buscar su mayor gloria, a perdonar a sus enemigos y a orar por su conversión. Descubrió que la Eucaristía es un tesoro de riqueza inagotable; por eso animaba a sus hijas diciendo: “Revestíos de Cristo Señor nuestro”… no améis con corazón humano, finito, siempre limitado, amad cn el corazón de Cristo, poned en todas vuestras acciones ese sello Divino, identificaos con Él, para que ya no seáis vosotras las que vivís, sino Él con su doctrina, con sus acciones quien viva en vosotras”.

GRATITUD, ALEGRÍA, BONDAD

Dones del alma que posee a Dios; que lo refleja y lo revela en sus palabras y actitudes María del Refugio Aguilar fue una muer que supo descubrir el Amor de Dios y de sus semejantes; supo agradecer no sólo con palabras sino con sus acciones la maravillosa presencia de Dios en su vida, lo que la llenaba de una alegría que contagiaba y que quiso fuera distintivo de sus hijas, ya que la alegría brota de un corazón agradecido con el Creador. Alegría que la estimulaba y forzaba a levantar las manos en un gesto de gratitud exclamando: “¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho? Alzaré el cáliz de la salvación invocando su nombre” (Sal 115)

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CELO POR LA EDUCACIÓN

Era como la llama luminosa que trascendía su mente con la luz divina, alumbrando las ciencias humanas para descubrir en ellas al Creador de todo lo que existe. Estaba convencida, y decía a sus religiosas: “La salvación de lo niños es uno de los intereses del corazón de Jesús; ésta, está confiada a nosotras, debemos trabajar por su salvación con el buen ejemplo, con la palabra y con la oración… para hacer de cada alumno “un trasunto fiel de Jesucristo”. Su ideal más profundo era, extender el amor eucarístico a través de la educación cristiana de la niñez y juventud.

AMOR AL SACRIFICIO

Vivió y practicó en grado extremo el sentido de la entrega redentora, con actitud apacible y serena aún en las adversidades. El dolor, las enfermedades y las vicisitudes cotidianas le fueron transformando, cristificando, haciéndola amar la cruz redentora de Cristo que es vida y resurrección, salvación y gloria.

 

María del Refugio amó el sacrificio que redime y purifica, fue consciente de que “llevamos en nosotros por todas partes los sufrimiento mortales de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nosotros” (2 Co 4, 10)

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Evangelizar con María a la luz de la Eucaristía

Doce palomas mensajeras, partiendo de la Eucaristía y a través del manto virginal de María, se dirigen a los doce países en los que actualmente hace presencia nuestro Instituto. Vuelan llevando al mundo el deseo ardiente que incitaba el corazón de María del Refugio y que la identificaba para hacer de las palabras de Cristo el lema de su vida y de su Obra: “He venido a traer fuego a la tierra y cuánto desearía que ya estuviera ardiendo” (Lc. 12, 49-53)

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